La visibilidad de jóvenes que imitan patrones de movimiento animal en redes sociales ha abierto una pregunta simple y concreta: ¿qué le ocurre al cuerpo cuando una persona entrena desplazándose en cuadrupedia, saltando como un felino o apoyando manos y pies como en esos videos virales? El fenómeno, observado también en Chile, no es únicamente cultural; desde las ciencias del deporte ofrece un campo claro para analizar beneficios y riesgos.

Biomecánicamente, muchos de esos gestos reproducen patrones usados en entrenamientos conocidos, como Animal Flow —un sistema de movimientos creado por el instructor estadounidense Mike Fitch—, o en protocolos de locomoción primal y ejercicios de movilidad en cuadrupedia, que se emplean en acondicionamiento físico y rehabilitación. Las guías y posiciones técnicas del American College of Sports Medicine (ACSM), la sociedad científica más citada en ejercicio, señalan que variar patrones de movimiento puede mejorar la competencia motora y la capacidad física cuando se planifica con criterios de carga, técnica y progresión (American College of Sports Medicine).

A nivel fisiológico, desplazarse en cuatro apoyos y ejecutar saltos o giros incrementa la demanda neuromuscular. Esto implica una notable activación del core, los hombros y las muñecas, así como de la musculatura estabilizadora profunda que sostiene la columna y la pelvis. Cuando decimos "core" nos referimos al conjunto de músculos centrales que estabilizan el tronco; y cuando hablamos de "estabilidad escapular" y "lumbopélvica" aludimos al control de la cintura escapular y la base de la columna, respectivamente. Estos movimientos favorecen la coordinación intersegmentaria, es decir, la capacidad de coordinar brazo, tronco y pierna en secuencias complejas.

En términos energéticos, investigaciones en fisiología del ejercicio indican que la locomoción en cuadrupedia suele implicar un mayor costo metabólico que la marcha bípeda, lo que puede convertir estos desplazamientos en un estímulo cardiovascular moderado si se realizan de forma continua y controlada. Sin embargo, la mayor parte de las prácticas ligadas a la tendencia therian son intermitentes y recreativas, por lo que su impacto suele ser más lúdico que el de un programa sistemático de entrenamiento (Organización Mundial de la Salud, recomendaciones sobre actividad física).

Los beneficios potenciales existen, sobre todo cuando estos patrones se incorporan a programas estructurados: mejora de la fuerza funcional, mayor control del movimiento y prevención de desequilibrios musculares si se trabaja con progresión. Pero la evidencia práctica y las guías del ACSM insisten en un punto clave: la técnica y la progresión. Ejecutar apoyos prolongados en muñecas, saltos repetitivos o movimientos explosivos sin supervisión incrementa el riesgo de lesiones por sobreuso, especialmente en adolescentes cuya musculatura y cartílagos todavía están en desarrollo. Para comparar, disciplinas como la gimnasia muestran tasas reconocidas de sobrecarga en muñecas y hombros cuando no hay carga gradual ni supervisión especializada.

En el contexto chileno, el Ministerio de Salud (MINSAL) y las recomendaciones internacionales subrayan la necesidad de promover actividad física segura en jóvenes. Si un adolescente en Chile practica estos movimientos, lo recomendable es que lo haga integrado a un plan más amplio de acondicionamiento, con evaluación previa por un kinesiólogo o profesional en ciencias del ejercicio, y con énfasis en la progresión de cargas y en evitar repeticiones que generen dolor persistente.

Para padres, entrenadores y educadores la regla práctica es sencilla: apreciar el valor motor de estos movimientos, pero enmarcarlos. Que algo sea llamativo en redes sociales no lo exime de principios básicos de entrenamiento. Si la meta es mejorar fuerza, coordinación o movilidad, conviene seguir un programa estructurado, priorizar la técnica, respetar la maduración del cuerpo en la adolescencia y consultar a profesionales de la salud o del deporte cuando aparezca dolor o molestia prolongada.

En perspectiva, la tendencia therian pone de relieve una búsqueda legítima de exploración motora entre jóvenes. Desde la fisiología y la práctica segura, ofrece oportunidades reales para desarrollar capacidades físicas diferentes a la marcha bípeda. El desafío para padres y educadores es acompañar esa exploración con criterios científicos: progresión, supervisión y adaptación a la edad y estado físico de cada persona. (Fuentes: American College of Sports Medicine; Organización Mundial de la Salud; recomendaciones del Ministerio de Salud de Chile).