Durante la jornada del Mobile World Congress en Barcelona, Daniel Zhou, presidente para Latinoamérica y el Caribe de Huawei, puso en palabras la tensión que atraviesa la industria: la pugna entre China y Estados Unidos redefine decisiones tecnológicas y comerciales en la región.

En su intervención en el Mobile World Congress (MWC), Zhou afirmó que este tipo de fricciones "no es nuevo" y que la compañía tiene una mirada práctica ante la incertidumbre. Según explicó, la empresa mantiene el foco en el cliente y en la continuidad del servicio, porque en su experiencia las presiones políticas y regulatorias suelen ser cíclicas.

Zhou recordó episodios pasados, como la salida de Huawei de Estados Unidos en 2019 tras acusaciones de espionaje, y señaló que la compañía se prepara para distintos escenarios observando la cadena de suministro, la logística y la relación con clientes. Además, comentó que su experiencia previa como CEO en Rusia le enseñó a anticipar riesgos políticos y a diseñar contingencias.

El ejecutivo subrayó que, siendo una empresa 100% privada, Huawei no puede —según su visión— alterar las dinámicas geopolíticas entre potencias. También destacó que la presencia del grupo en Latinoamérica lleva 28 años de operaciones, tiempo en que, dijo, han aprendido a adaptarse a gobiernos de distintas filiaciones políticas.

La conversación en Barcelona se dio en un contexto concreto para Chile y la región. En paralelo, el subsecretario de Telecomunicaciones Claudio Araya indicó que la concesión del cable Chile-China Express está en etapa avanzada, y la Secretaría de Estado de Estados Unidos revocó visas a tres funcionarios chilenos por supuestas afectaciones a infraestructuras de telecomunicaciones. Esos hechos muestran cómo las discusiones de salón en ferias tecnológicas se traducen rápidamente en decisiones públicas.

Para los países latinoamericanos, la discusión sobre soberanía de datos, proveedores y redes no es solo técnica, es política y simbólica. En ese sentido, la postura de Huawei —centrada en continuidad comercial y preparación logística— ofrece una respuesta empresarial, pero no resuelve el debate sobre influencias estratégicas, ni las disputas entre estados.

El futuro inmediato, según Zhou, pasa por monitorear riesgos y mantener la confianza en el negocio regional. Para Chile, la resolución sobre el cable y las decisiones regulatorias que vienen serán prueba de hasta qué punto la infraestructura tecnológica servirá como terreno de cooperación, competencia o contención entre grandes potencias.