La Moneda invitó a la Democracia Cristiana, Democracia Cristiana (DC), a participar del cónclave oficialista que cerrará la administración de Gabriel Boric. El presidente subrogante del partido, Óscar Ramírez, confirmó la asistencia para este viernes en la sede de Santiago del Congreso Nacional, Congreso Nacional, y la decisión provocó fuerte rechazo dentro de la colectividad.

El anuncio llegó tras el comité político celebrado el lunes en La Moneda, donde se fijaron los detalles del encuentro, que irá de 14:00 a 20:00 horas. La incorporación de la DC a una instancia que históricamente reúne solo a personeros del oficialismo es inédita y contrasta con la postura que la colectividad tomó en 2021, cuando decidió no integrar un eventual gobierno de Boric.

Los reproches saltaron en los grupos internos del partido. Ana María Hernández, vicepresidenta de la DC, compartió la noticia en el chat del consejo nacional y expresó su preocupación. Andrea Murillo, presidente regional de la DC en Arica y Parinacota, preguntó por la legitimidad de la decisión: "¿Por qué deberíamos ir? ¿Quién lo decidió?". Marcial Silva, consejero nacional, calificó la asistencia como un error que “va a causar más daño que beneficios”. Nicolás Preuss, consejero, escribió que "no somos ni fuimos parte de este ‘mal’ gobierno" y pidió que Alejandra Krauss, militante de la DC, Ramírez y la mesa directiva se resten de la actividad, aludiendo a la decisión institucional de 2021.

La tensión interna expone una división clara: una dirección partidaria dispuesta a dialogar con el Ejecutivo en la fase final del gobierno, y una franja orgánica que teme que la presencia desgaste la identidad y el mensaje de la DC ante sus electores. En ese pulso, gana Gabriel Boric en términos de imagen, al mostrar capacidad para convocar a actores más allá de su coalición; pierde la DC en cohesión interna y en claridad frente a su electorado tradicional.

Para la ciudadanía, la disputa tiene efectos concretos. Una DC fragmentada reduce la posibilidad de coordinar posiciones comunes sobre proyectos pendientes y puede debilitar la representación de demandas cristianodemócratas en las políticas públicas de cierre de mandato. Además, la imagen de desorden interno llega en un momento en que el gobierno busca mostrarse amplio y dialogante.

El próximo paso será la jornada del viernes en la sede del Congreso y, en paralelo, las reacciones formales que pueda emitir la junta nacional de la DC o la propia mesa directiva. Si la discusión escala, la colectividad enfrentará elección difícil: priorizar la interlocución con el Ejecutivo en el corto plazo o acentuar su distancia para preservar su identidad y futuro electoral.