La Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés) informó que el Producto Interno Bruto (PIB) creció a una tasa anualizada de 1,4% en el cuarto trimestre de 2025, una fuerte desaceleración respecto al 4,4% del período anterior y muy por debajo de las expectativas del mercado.

Según la BEA, la caída del gasto público asociada al cierre del gobierno federal y una moderación en el gasto de los consumidores explicaron gran parte del frenazo. La contracción fue parcialmente compensada por un repunte en la inversión empresarial, un factor que algunos analistas atribuyen al impulso por proyectos ligados a la inteligencia artificial.

Al mismo tiempo, el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal, el índice de gastos de consumo personal (PCE, por sus siglas en inglés), mostró un avance mensual que llevó la tasa a 2,9% en diciembre, desde 2,8% previo. La Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, tiene un objetivo de inflación del 2%.

Las previsiones antes de la publicación habían sido volátiles. Diversos pronósticos incluyeron estimaciones optimistas, como la del banco regional de la Reserva Federal de Atlanta, que llegó a proyectar un crecimiento de hasta 5,4% antes de que se incorporaran datos retrasados por el cierre gubernamental.

La reacción en los mercados fue inmediata. Wall Street cerró con pérdidas, en parte por la sorpresa del menor dinamismo del PIB y por tensiones geopolíticas recientes entre Estados Unidos e Irán que ya habían aumentado la aversión al riesgo. Inversionistas chilenos, expuestos a esos movimientos, vieron caer rendimientos de activos ligados a la renta variable y observaron alza en precios del petróleo, según operadores.

Las interpretaciones sobre las causas y responsabilidades fueron diversas. Algunos economistas señalaron que el cierre del gobierno federal redujo gastos que forman parte del cálculo del PIB. El expresidente Donald Trump sostuvo en su plataforma que el cierre "le costó a EEUU al menos dos puntos de PIB", una afirmación que los analistas dicen es difícil de cuantificar de forma inmediata sin revisiones futuras.

¿Qué implica esto para Chile? Una economía estadounidense más débil tiende a reducir la demanda por materias primas. Chile, cuya exportación principal es el cobre, podría enfrentar presión a la baja en los precios si la desaceleración estadounidense se confirma y se replica en otras economías. Además, una menor expectativa de crecimiento en EE.UU. puede alterar flujos de capital, afectando la Bolsa de Santiago y el tipo de cambio, con potencial volatilidad del peso chileno.

En términos de política monetaria, el escenario mezcla señales contradictorias. Por un lado, la desaceleración del crecimiento reduce el incentivo para que la Reserva Federal siga endureciendo la política. Por otro, la inflación medida por el PCE por encima del 2% aún mantiene presión sobre la Fed. Estas dinámicas influyen en las decisiones del Banco Central de Chile, que monitoreará el tipo de cambio, los precios internacionales y la inflación local antes de mover su tasa de política.

Analistas y gestores locales están revisando carteras y previsiones de exportaciones y financiamiento. La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y el Ministerio de Hacienda serán observadores atentos de la volatilidad, mientras que empresas exportadoras evaluarán escenarios de precio del cobre y contratos de venta.

A corto plazo, los mercados esperan las revisiones futuras del PIB por parte de la BEA, las actas y declaraciones de la Reserva Federal, y más datos económicos estadounidenses que clarifiquen si la desaceleración es temporal o el inicio de una tendencia. Para Chile, los próximos indicadores de exportaciones, el comportamiento del precio del cobre y la evolución del tipo de cambio definirán el impacto real sobre crecimiento e inflación doméstica.