El dato adelantado de febrero muestra una aceleración de la actividad privada en la eurozona, impulsada sobre todo por la mejora en la industria manufacturera.
El PMI compuesto subió a 51,9 puntos desde 51,3 en enero, según el informe preliminar. PMI es el Purchasing Managers Index, índice de gestores de compras que mide la actividad del sector privado; lecturas por encima de 50 indican expansión. El PMI de servicios avanzó a 51,8 desde 51,6, mientras que el PMI manufacturero regresó a territorio expansivo con 50,8 puntos frente a 49,5 en enero, su lectura más alta en 44 meses.
A nivel nacional dentro de la eurozona, Alemania registró el aumento más sólido de la actividad total en cuatro meses, Francia mostró estabilidad prácticamente sin variación, y el resto de la zona euro creció pero al ritmo más lento desde junio de 2025. Cyrus de la Rubia, economista jefe del banco alemán Hamburg Commercial Bank, comentó que podría tratarse de un punto de inflexión para la manufactura, ubicando al sector sobre un terreno más estable.
Sin embargo, el avance tiene matices. Los nuevos pedidos totales se mantuvieron estancados respecto a enero, aunque los pedidos manufactureros aumentaron por primera vez en seis meses. Las empresas siguieron siendo cautelosas con la contratación: las plantillas cayeron ligeramente por segundo mes consecutivo, con empleo manufacturero a la baja y servicios sin variación. Además, los costes de insumos se aceleraron hasta su ritmo más rápido en 34 meses, impulsados por la manufactura.
En el plano de política económica, una recuperación manufacturera y una inflación subyacente más activa mantendrán la atención del Banco Central Europeo, BCE, la autoridad monetaria del euro. En este contexto, la confirmación por parte de Christine Lagarde de que completará su mandato hasta octubre de 2027 reduce cierta incertidumbre sobre el liderazgo del BCE y puede condicionar las expectativas de tipos.
¿Qué significa esto para Chile? Una eurozona con manufactura en recuperación tiende a pedir más bienes intermedios y materias primas, lo que podría traducirse en mayor demanda por productos chilenos orientados al mercado europeo, como frutas, vino y salmón, y, en menor medida, insumos industriales. No obstante, el impacto sobre el cobre, el principal motor exportador chileno, sigue dependiendo en mayor medida de China, que es el mayor consumidor mundial de metales.
Además, si la inflación europea se mantiene y obliga al BCE a sostener tipos más altos por más tiempo, el euro podría fortalecerse frente al dólar, lo que tiene efectos complejos: por una parte encarece las exportaciones hacia la eurozona en dólares, por otra mejora el poder de compra de importadores europeos y puede ayudar a los precios de algunos bienes chilenos vendidos en euros.
En resumen, el repunte del PMI europeo ofrece una ventana de oportunidad para exportaciones chilenas orientadas a la UE, pero los efectos netos dependerán de la persistencia de la recuperación, de la evolución de la inflación y de la dinámica del principal demandante mundial, China. Como contexto relevante, recuerde que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha declarado que cumplirá su mandato hasta octubre de 2027, lo que reduce la incertidumbre sobre la orientación de la política monetaria en los próximos años.
