En las últimas jornadas, cientos de clips de apariencia cinematográfica generados con la nueva herramienta Seedance 2.0 comenzaron a circular en plataformas sociales, despertando debates sobre la autenticidad de las imágenes y el uso de material protegido. Los ejemplos difundidos incluyen secuencias que simulan enfrentamientos entre estrellas de cine y tráilers con producción casi profesional.
El proyecto tiene el sello de ByteDance, la empresa tecnológica propietaria de TikTok y de su versión china, Douyin, lo que facilita la integración de la herramienta en un ecosistema con cientos de millones de usuarios. Observadores señalan que Seedance 2.0 sigue a la irrupción de DeepSeek, cuyo modelo R1 demostró a comienzos de 2025 la capacidad china para competir en razonamiento avanzado con costos inferiores a los de sus pares estadounidenses.
El analista financiero Jin Duan dijo al medio The Paper que la competencia en video generado por inteligencia artificial "ha pasado del algoritmo a la fuerza integral" y que la hegemonía de la computación está reconfigurando las reglas del sector. Tras el lanzamiento, comenzaron a viralizarse clips que muchos usuarios calificaron como casi indistinguibles de grabaciones reales, incluyendo una escena ficticia con Brad Pitt y Tom Cruise y tráilers que recrean personajes reconocibles de grandes franquicias.
ByteDance y sus recursos en infraestructura despiertan tanto entusiasmo por las posibilidades creativas como inquietud por la vulneración de la propiedad intelectual. En el sector creativo hay voces enfrentadas: el director chino Jia Zhangke, ganador del León de Oro en el Festival de Venecia y del premio al mejor guion en Cannes, colaboró con la empresa para producir un corto con dos versiones generadas por IA de sí mismo y afirmó "no le preocupa que la tecnología sustituya al cine", sino "cómo las personas utilizan la tecnología". Por su parte, Feng Ji, productor del videojuego Black Myth: Wukong, sostuvo que con herramientas como esta "la infancia del AIGC ha terminado", en referencia a AIGC, que significa contenido generado por inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, ejecutivos y estudios en Hollywood han lanzado advertencias sobre el riesgo de que modelos así reproduzcan o remezclen material protegido sin autorización, lo que podría abrir disputas legales sobre derechos de autor y responsabilidad de las plataformas. Firmas financieras chinas, entre ellas Huatai Securities, han señalado un posible punto de inflexión hacia una producción audiovisual a escala impulsada por IA.
Para Chile y Latinoamérica, la llegada de una herramienta con la capacidad de Seedance 2.0 tiene varias aristas prácticas. Por un lado, artistas y productoras locales podrían acceder a herramientas más baratas para prototipar y producir contenidos, lo que podría bajar costos y democratizar la creación. Por otro, existe el riesgo de uso no autorizado de voces, rostros y franquicias, y de proliferación de deepfakes con impacto en la reputación de figuras públicas y en procesos electorales. Además, la presencia global de TikTok pone sobre la mesa la responsabilidad de las plataformas en moderar y etiquetar contenido generado por IA.
En términos geopolíticos, Seedance 2.0 es otro signo de la creciente multipolaridad en IA: China apuesta a infraestructura y a integraciones masivas, mientras que empresas estadounidenses mantienen ventajas en ciertos desarrollos. El debate que sigue es tanto técnico como regulatorio. Expectativa en la industria audiovisual y en los reguladores: en los próximos meses deberían intensificarse las discusiones sobre límites, transparencia y mecanismos de protección de derechos, tareas que también afectan a creadores y audiencias chilenas.