El presidente Donald Trump declaró el martes que la Marina de Estados Unidos está preparada para comenzar a escoltar buques petroleros y gaseros que transiten por el Golfo Pérsico, y que ordenó a la US Development Finance Corporation respaldar los costos de seguros para las empresas navieras que enfrenten riesgos en esa ruta.
La medida, anunciada en la plataforma Truth Social, llega en medio de una escalada en la región tras un ataque conjunto atribuido a Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán. Según el mensaje del mandatario, estas garantías y escoltas buscan calmar los mercados energéticos y asegurar el transporte marítimo de hidrocarburos.
El anuncio apunta a reducir la aversión de las compañías navieras, que han registrado un alza en las primas de seguro por la amenaza de Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz. Ese riesgo ha contribuido a que el precio del crudo subiera casi 10%, y a un fuerte aumento de los precios del gas natural en Asia y Europa.
Trump agregó que, Pase lo que pase, Estados Unidos garantizará el LIBRE FLUJO de energía hacia el mundo, y advirtió que podrían venir más medidas. Desde la perspectiva de Washington, las escoltas son una forma de proteger líneas de suministro críticas; desde la perspectiva iraní, la presencia militar extranjera en aguas próximas es una provocación que puede escalar tensiones.
La US Development Finance Corporation, la corporación federal de financiamiento para el desarrollo de Estados Unidos (conocida por sus siglas en inglés como DFC), actuaría como respaldo financiero para cubrir o subsidiar pólizas que hoy resultan muy caras para algunos armadores. Ese apoyo estatal busca reducir el costo del seguro y mantener operativa la ruta petrolera más importante del mundo.
El anuncio no carece de riesgos. Desplegar escoltas navales es una acción de seguridad que puede provocar incidentes en un entorno donde Irán ya ha atacado infraestructura energética y amenazado con cerrar el Estrecho de Ormuz, la vía obligada para gran parte del crudo que se exporta desde el Golfo Pérsico.
Para Chile y América Latina la conexión es directa y práctica. Chile es un importador neto de combustibles fósiles refinados y cualquier disrupción prolongada en los mercados internacionales puede encarecer la gasolina y el diesel, presionar la inflación y complicar el costo del transporte y de la minería. Además, mayores primas de seguro y riesgos en rutas marinas pueden traducirse en fletes más altos, que inciden en el precio de insumos y bienes importados.
En términos geopolíticos, la propuesta estadounidense ilustra una apuesta por la proyección militar y financiera para asegurar cadenas de suministro, en un contexto de multipolaridad creciente donde actores regionales como Irán buscan influencia mediante amenazas sobre rutas marítimas. La medida podría ganar apoyo de aliados, o bien tensionar a países que temen una mayor militarización del Golfo Pérsico.
En las próximas semanas habrá que observar si Washington concreta la operación de escolta, cómo reaccionan las compañías aseguradoras, y si habrá coordinación con armadas aliadas. Para Chile, el impacto concreto dependerá de la duración de la tensión, la respuesta del mercado petrolero y de si los precios internacionales vuelven a estabilizarse.
