La Asamblea de Expertos de Irán eligió el lunes al ayatolá Mojtaba Jamenei, de 56 años, para suceder a su padre como líder supremo, en medio de una escalada militar que ya suma ataques y contraataques entre Irán, Estados Unidos e Israel. La votación se produjo tras más de una semana de bombardeos y represalias que han afectado infraestructura energética en la región del Golfo.

El nombramiento refuerza a la línea dura dentro del aparato de poder iraní. Mojtaba Jamenei tiene vínculos estrechos con la Guardia Revolucionaria Islámica, conocida por sus siglas en inglés IRGC, la fuerza paramilitar que ha coordinado lanzamientos de misiles y drones contra objetivos en Israel y estados del Golfo. La selección la realizó la Asamblea de Expertos, el órgano clerical responsable de designar al líder supremo en Teherán.

La reacción inmediata fue militar y económica. Estados Unidos e Israel anunciaron y ejecutaron bombardeos contra objetivos en territorio iraní, mientras Irán atacó instalaciones energéticas en Emiratos Árabes Unidos y perturbó el tráfico en el Estrecho de Ormuz, vía por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Israel afirmó haber golpeado centros de mando en Isfahán, sin confirmación inmediata desde Teherán. En Israel hubo al menos una víctima mortal por misiles, y se reportaron heridos.

En los mercados, el crudo reaccionó con fuerza. El petróleo Brent, referencia internacional, llegó a rozar US$120 por barril, un salto cercano al 65% desde el inicio del conflicto, antes de retroceder. El bloqueo o la demora del paso por el Estrecho de Ormuz encarecen primas de riesgo y seguros marítimos, y elevan la volatilidad de los precios del combustible.

La lógica detrás de esta escalada es clara desde la óptica del liderazgo iraní: presentar resistencia frente a lo que considera una amenaza existencial y consolidar el control interno con un sucesor fiel a la línea de seguridad del régimen. Desde la perspectiva de Estados Unidos e Israel, las acciones buscan degradar la capacidad militar de la Guardia Revolucionaria Islámica y disuadir nuevos ataques contra sus intereses y aliados en la región. Actores regionales, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, han denunciado ataques a instalaciones energéticas y han elevado medidas de seguridad.

Para Chile y América Latina la conexión es económica y geopolítica. Aunque somos distantes geográficamente, el encarecimiento del petróleo presiona los costos de transporte y la inflación importada, lo que golpea el bolsillo de los hogares y la cadena logística. Los inversionistas chilenos ya muestran nerviosismo ante la caída en bolsas globales y la apreciación temporal del petróleo, y la Bolsa de Santiago y el tipo de cambio podrían seguir reaccionando a la volatilidad internacional. Además, si la guerra se prolonga, el aumento en primas de riesgo y seguros marítimos puede encarecer la logística de exportaciones e importaciones.

En lo estratégico, la crisis refuerza tensiones en un orden internacional marcado por rivalidades entre potencias y por la capacidad de actores no estatales o paramilitares de influir en conflictos regionales. La elección de Mojtaba Jamenei sugiere una continuidad en la política exterior más confrontacional de Teherán, con consecuencias directas en la estabilidad del mercado energético.

El curso próximo dependerá de si las potencias logran imponer límites a la escalada o si, por el contrario, la sucesión en Irán y la respuesta militar de Estados Unidos e Israel amplifican los ataques a infraestructura y rutas marítimas. Para Chile, la prioridad será monitorear la evolución de los precios del crudo, los mercados financieros y las rutas logísticas, mientras la comunidad internacional busca evitar una conflagración mayor en el Golfo Pérsico.