Este lunes en Milán, durante el Capital Market Day, la eléctrica italiana Enel dio a conocer su plan estratégico 2026-2028, un programa que eleva el volumen de inversiones previstas y reafirma el compromiso del grupo con proyectos en Chile. La presentación fue liderada por Flavio Cattaneo, director ejecutivo (CEO) de Enel, y Stefano De Angelis, director financiero (CFO), quienes destacaron la recuperación de la estabilidad política en mercados clave y dijeron "estamos invirtiendo y seguiremos invirtiendo en Chile".
El plan global contempla un gasto total de €53.000 millones (US$62,5 mil millones) entre 2026 y 2028, unos €10.000 millones más que el programa anterior. Enel estructuró la estrategia en tres pilares: crecimiento, productividad y equilibrio riesgo-retorno, y explicó que la expansión priorizará proyectos greenfield y brownfield en mercados catalogados como "Tier 1", definidos por la compañía como entornos estables.
En el desglose anunciado, el grupo asignará más de €26.000 millones a su negocio integrado, centrado principalmente en renovables, y otros €26.000 millones a redes de distribución eléctrica. Enel precisó que aproximadamente el 55% de la inversión en redes se concentrará en Italia y el resto se repartirá entre la Península Ibérica y Latinoamérica, región en la que se incluye Chile.
Dentro de los proyectos chilenos que respaldan ese crecimiento, la compañía destacó el sistema de almacenamiento en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) BESS Las Salinas, cuya construcción inició en noviembre de 2025 Enel Green Power Chile, la filial renovable del grupo. El proyecto contempla 205 MW de potencia y hasta cuatro horas de almacenamiento, y se integrará con la planta fotovoltaica Las Salinas y el parque eólico Sierra Gorda Este.
La compañía reconoció además que 2025 fue un "año muy malo" para la producción hidroeléctrica tanto en Italia como en Chile, debido a cambios en la variabilidad del nivel del agua, aunque afirmó que su modelo de negocio permitió compensar esos efectos a escala del grupo.
Para Chile, el aumento de la cartera global y la confirmación de proyectos como BESS Las Salinas implican varias consecuencias potenciales: más demanda de mano de obra local durante la construcción, impulso a proveedores nacionales y mayor capacidad para integrar renovables variables en la red. No obstante, el impacto final sobre empleo y tarifas dependerá de cómo se materialicen estos proyectos, de la adjudicación de contratos y del marco regulatorio que apliquen las autoridades chilenas, que seguirá siendo clave para la velocidad y el costo de la transición energética.
El plan 2026-2028 empezará a ejecutarse en los próximos meses, y su seguimiento será observado por inversionistas, autoridades regulatorias y actores del sector energético en Chile, que evaluarán si las promesas de inversión se traducen en obras, contratos locales y mejoras en la estabilidad del suministro.
