“Ayer salí de una guardia tremendamente complicada en la UCI neonatal en la que trabajo”, cuenta Artur, neonatólogo con siete años en la sanidad pública. Relata haber pasado las últimas tres horas de una guardia de 24 horas deseando que lo relevasen para poder estabilizar a dos recién nacidos de 500-600 gramos que tardaron más de 10 horas en estabilizarse.

Ese testimonio forma parte del conflicto que mantienen sindicatos médicos y el Ministerio de Sanidad del país donde ocurrió la crónica, en torno a las guardias nocturnas. Según el relato, el nuevo Estatuto Marco firmado reduce las 24 horas obligatorias a fines de semana y festivos, y establece guardias de 17 horas los demás días, con 24 horas de descanso antes y después. Los sindicatos piden que las guardias largas sean siempre voluntarias; las autoridades responden que hacerlo rompería la organización del sistema. En este caso, el Ministerio de Sanidad funciona como el organismo rector de salud del país, análogo al Ministerio de Salud (MINSAL) en Chile.

¿Por qué importa esto para la seguridad de pacientes y equipos? La evidencia científica muestra que jornadas extendidas y la privación de sueño se asocian con mayor riesgo de errores clínicos y deterioro del rendimiento. Un estudio clásico en Estados Unidos concluyó que las guardias prolongadas de residentes aumentan las probabilidades de errores médicos y de comprometer la seguridad del paciente (Landrigan et al., New England Journal of Medicine, 2004). Organismos de seguridad del paciente y de salud laboral recomiendan limitar horas consecutivas de trabajo y garantizar descansos adecuados.

En la práctica, quienes soportan la mayor carga suelen ser los residentes, encargados de la “primera llamada”, y que solo activan a los médicos adjuntos si aparece un problema que no pueden resolver. Esto provoca variaciones: algunas noches son de atención continua, sin posibilidad de dormir, y otras permiten descanso. Ese modelo hace que los médicos jóvenes acumulen la mayoría de las guardias, como describe el relato.

El impacto poblacional es doble. Para las personas recién nacidas, la atención en unidades críticas requiere decisiones rápidas y tener personal con capacidad de respuesta física y mental. Para el personal sanitario, jornadas extenuantes aumentan fatiga, riesgo de error y desgaste profesional. Aunque no todos los estudios permiten afirmar causalidad directa en cada caso, el conjunto de evidencia sugiere que reducir horas consecutivas y mejorar descansos favorece la seguridad.

En la discusión se proponen alternativas: limitar turnos a 12 horas, como ocurre en algunos servicios y en muchas plantas de enfermería, reforzar equipos para que las guardias sean efectivamente voluntarias, y reforzar supervisión y relevo profesional en casos complejos. Estas propuestas buscan conciliar seguridad del paciente y viabilidad del sistema, pero su implementación exige recursos y reorganización de plantillas.

¿Qué puede aportar esta crónica a Chile? Aunque el relato proviene de otro país, plantea preguntas relevantes para nuestra red pública: cómo se regulan las guardias médicas, quién asume la “primera llamada”, y si la organización actual garantiza descansos y seguridad. En Chile, actores como el Ministerio de Salud (MINSAL) y el Colegio Médico de Chile son quienes deben evaluar propuestas que equilibren la carga laboral con la seguridad clínica. La evidencia internacional, incluida la citada arriba, puede orientar normas y modelos de turnos adaptados a la realidad local.

Fuentes: testimonio incluido en la crónica original; Landrigan CP et al., "Effect of reducing interns' work hours on serious medical errors in intensive care units", New England Journal of Medicine, 2004; recomendaciones generales de organismos de seguridad del paciente sobre carga laboral y descansos. Donde la información del relato es ambigua sobre cargos y normas específicas, lo indicamos explícitamente y lo contrastamos con la evidencia internacional.