El 26 de febrero de 2011, en Argentina, el enfrentamiento por la Primera D entre Claypole y Victoriano Arenas terminó con una pelea masiva que derivó en 36 expulsiones, la cifra más alta registrada en un partido de fútbol a nivel mundial.

Durante el partido el árbitro Damián Rubino expulsó a dos jugadores en el transcurso del juego. El conflicto escaló tras el pitazo final, cuando una confrontación entre futbolistas y miembros de los cuerpos técnicos obligó al juez a aplicar sanciones masivas.

Según las crónicas deportivas de la época, las expulsiones abarcaron jugadores de ambos planteles y personal del staff, y fueron anotadas en el informe arbitral. El episodio quedó grabado en videos que luego circularon por medios locales y redes sociales, lo que consolidó el suceso como un antecedente relevante en la historia del fútbol argentino.

El caso volvió a aparecer en la agenda pública después de que la final del Campeonato Mineiro en Brasil, entre Cruzeiro y Atlético Mineiro, terminara con 23 expulsados. Ese partido estableció un récord en el fútbol brasileño, pero no superó el registro de 2011 entre Claypole y Victoriano Arenas.

Este tipo de incidentes suele recordar las particularidades del fútbol de divisiones inferiores en la región, donde la intensidad de las rivalidades, las condiciones de seguridad y los recursos organizativos pueden diferir de los torneos profesionales de mayor nivel. El choque de 2011 sigue siendo citado como ejemplo de desborde colectivo y como antecedente en la discusión sobre conducta y sanciones en el deporte.

A la fecha no existe una base pública internacional única que consolide todas las sanciones aplicadas en aquel encuentro, pero el número de 36 expulsiones permanece como referencia en los archivos periodísticos y en las piezas de video que documentaron la pelea.