Una startup canadiense desembarcó en Chile con una tecnología de desalinización impulsada por energía de las olas. Oneka propone usar boyas que convierten el movimiento de las aguas en agua potable, sin depender de electricidad externa ni combustibles. En Chile, estas soluciones podrían ser las primeras en Latinoamérica en operar con este enfoque.
La idea detrás de la desalinización con olas es simple y poderosa: aprovechar la fuerza natural del océano para separar la sal del agua y dejarla apta para consumo humano. En pocas palabras, menos cables, menos combustible y menos costos variables si funciona a escala.
Para Chile, con una extensa costa y desafíos de abastecimiento en algunas regiones, una tecnología así podría ayudar a comunidades costeras y a proyectos piloto de suministro en zonas con menos conexión a la red.
Sin embargo, hay que distinguir entre el anuncio y la disponibilidad real. La llegada de Oneka a Chile implica pilotos, pruebas regulatorias y evaluaciones de costos y desempeño; no hay una fecha de despliegue comercial universal aún.
Si la tecnología demuestra fiabilidad y respuesta a costos, podría significar menos dependencia de la electricidad y una opción sostenible para ampliar el acceso al agua potable, especialmente en entornos costeros donde las soluciones tradicionales son más caras. El futuro de la desalinización impulsada por el mar requerirá pruebas, regulaciones claras y acuerdos con comunidades locales.
