Según fuentes consultadas por The New York Times, la administración del presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ha comunicado a sus asesores en Washington que contempla la posibilidad de lanzar en los próximos meses un ataque mucho mayor contra Irán si la diplomacia fracasa en las negociaciones nucleares.
Las deliberaciones incluyen la opción de un ataque inicial en días para presionar a Teherán, y planes más amplios a fin de año que tendrían como objetivo incluso intentar derrocar al ayatolá Ali Jameneí, líder supremo de Irán. Las opciones de blanco consideradas van desde la sede del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, conocido en inglés como IRGC, hasta instalaciones nucleares y el programa de misiles balísticos.
Aún no hay decisiones definitivas, y según los asesores citados por el diario existen dudas dentro de la propia administración sobre si ataques aéreos por sí solos bastarían para lograr un cambio de régimen. En paralelo, ambas partes discuten una propuesta alternativa de último minuto: permitir a Irán un programa de enriquecimiento muy limitado, con fines de investigación y usos médicos, como posible vía de salida al conflicto.
En el terreno militar, el Times apunta que dos grupos de portaaviones estadounidenses y decenas de aviones de combate, bombarderos y aviones cisterna se han concentrado en posiciones de ataque a distancia de Irán, lo que eleva el riesgo de un choque accidental o intencional.
Las tensiones internas en Irán también aumentan. Las protestas estudiantiles se expandieron a nueve universidades con la quema de banderas oficiales y consignas contra el liderazgo, incluyendo el grito "Muerte a Jameneí", según reportes locales. Esas movilizaciones complican el cálculo de Teherán ante una presión externa creciente.
La reacción internacional ya se deja sentir en los mercados. Wall Street cerró a la baja y el precio del petróleo subió tras el aumento de la tensión, movimientos que preocupan a inversionistas chilenos y a la economía regional por su impacto en la inflación y en costos logísticos. Un conflicto que eleve sostenidamente el precio del crudo podría presionar la balanza comercial y el costo de transporte de materias primas que exporta Chile.
En términos geopolíticos, la escalada refuerza dinámicas de multipolaridad y prueba la capacidad de la diplomacia para contener crisis entre Estados Unidos e Irán. Si EE.UU. avanzara hacia una operación cuyo objetivo fuera remover al líder supremo iraní, las consecuencias serían profundas y de largo plazo en la región del Golfo, con posibles reacciones de actores estatales y no estatales en Oriente Medio.
Para Chile y América Latina, el impacto más inmediato sería económico y financiero, pero también diplomático. No está claro si gobiernos latinoamericanos emitirán nuevas recomendaciones de viaje o actualizarán sus posturas públicas; la comunidad internacional observará si la alternativa de un acuerdo de enriquecimiento limitado ofrece una salida que evite un enfrentamiento directo.
La situación sigue siendo fluida. Esta semana, con una reunión prevista en Ginebra que pretende evitar un choque, la principal incógnita es si la vía diplomática podrá concretar un arreglo o si las opciones militares, ya esbozadas en Washington, tomarán fuerza en los próximos meses.
