En Nueva York, el representante permanente de Cuba ante Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, afirmó que la isla está preparada para enfrentar un escenario extremo de sanciones por parte de Estados Unidos y que no contempla rendirse. El diplomático señaló que medidas recientes, entre ellas restricciones al combustible impulsadas por la administración del expresidente Donald Trump, forman parte de una estrategia para debilitar al país y generar descontento social. Soberón dijo que la prioridad del gobierno cubano sería proteger a la población y mantener servicios esenciales.
El anuncio se enmarca en seis décadas de embargo impuesto por Washington, conocido en Cuba como bloqueo, una política que data de los años 60 y que ha sido reforzada y adaptada en distintos momentos. El embajador evocó además el llamado periodo especial, la crisis económica de los años 90 tras la desintegración de la Unión Soviética, para subrayar que la isla ya enfrentó colapsos energéticos y tuvo que ajustar su matriz productiva. Según Soberón, la economía cubana sufre un fuerte deterioro; él atribuye al menos una caída cercana al 15% del producto interno bruto en cinco años y una pérdida de población superior al 20%, cifras que presentó como parte del diagnóstico del gobierno.
En cuanto a respuestas concretas, Soberón mencionó trabajos en energías renovables y procesos de refinación de crudo pesado para sostener la generación eléctrica, y denunció intentos por limitar fuentes de ingreso como la cooperación médica internacional. Al mismo tiempo pidió diálogo con Washington, pero condicionado a igualdad, respeto y no injerencia. No hubo una respuesta pública inmediata del gobierno de Estados Unidos a las declaraciones del embajador.
Para la región, una escalada de sanciones tendría efectos humanitarios y económicos: más cortes de energía, problemas logísticos que afectarían transporte y salud, y un golpe al turismo y a la capacidad de importación de insumos críticos. También tensiona la cooperación médica que algunos países latinoamericanos han recibido o prestado, y podría aumentar presiones migratorias desde la isla.
En Chile el episodio ya reabrió debates domésticos. Como hemos informado, hay cuestionamientos sobre el uso del Fondo Chile contra el Hambre para apoyar a Cuba, y la posibilidad de nuevas sanciones plantea dilemas sobre cooperación internacional, asistencia humanitaria y posicionamiento diplomático. Además, antecedentes de sanciones extraterritoriales muestran riesgos para empresas y organizaciones latinoamericanas que mantengan vínculos con la isla.
En perspectiva geopolítica, la amenaza de un bloqueo total refuerza dinámicas de multipolaridad en la región: los países latinoamericanos vuelven a evaluar sus alianzas y mecanismos de apoyo humanitario, mientras se plantea de nuevo la tensión entre sanciones como herramienta de presión y los principios de soberanía y no injerencia. Si se produce una escalada, los próximos pasos estarán en las arenas diplomáticas multilaterales, incluida la ONU, y en la reacción de gobiernos regionales cuya cooperación con Cuba puede verse afectada.
