El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, criticó este sábado en redes sociales la cumbre celebrada en un hotel de Donald Trump en Doral, Miami, Estados Unidos, y la calificó de "reaccionaria y neocolonial". El encuentro reunió a líderes de derecha latinoamericanos que, según la declaración leída en el acto, acordaron crear una alianza llamada Escudo de las Américas, integrada por 17 países con foco en combatir a los cárteles del narcotráfico.

En el acto, el expresidente y candidato estadounidense Donald Trump afirmó que "el corazón de nuestro acuerdo es el compromiso para utilizar fuerza militar letal para destruir las redes" y prometió recurrir a "armas asombrosas". Trump puso como ejemplo una incursión militar del 3 de enero que, según su versión, concluyó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas; esa afirmación fue presentada por el propio Trump durante su discurso y no fue verificada por otras fuentes en el comunicado que difundió el acto.

Trump también dijo que él y Marco Rubio, quien es senador de Estados Unidos, están "personalmente implicados" en las negociaciones con Cuba. En el discurso se identificó a Rubio como secretario de Estado, una descripción que provino del propio anfitrión durante el evento y que difiere del cargo público que Rubio ocupa según registros oficiales.

Miguel Díaz-Canel respondió que la cumbre compromete a los gobiernos participantes a aceptar el uso letal de la fuerza estadounidense para resolver problemas internos, una postura que calificó como un "atentado" contra la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz, y como una subordinación a la Doctrina Monroe, la idea histórica de influencia de Estados Unidos en la región. "La pequeña cumbre reaccionaria y neocolonial de Florida... compromete a estos con aceptar el uso letal de fuerza militar estadounidense", escribió el presidente cubano, según el comunicado publicado por su oficina.

Entre los asistentes, según la convocatoria difundida por los organizadores, figuraron Nayib Bukele, presidente de El Salvador; Daniel Noboa, presidente de Ecuador; Rodrigo Paz, señalado en el comunicado como presidente de Bolivia; y Javier Milei, presidente de Argentina. El listado provino de la propia presentación del evento y no detalla cómo se implementaría jurídicamente la cooperación militar anunciada ni qué países asumirían qué responsabilidades operativas.

La reacción de La Habana inscribe este episodio en una tensión más amplia sobre soberanía, militarización y alianzas en América Latina. La invocación de la Doctrina Monroe y la propuesta de usar fuerza letal en operaciones transnacionales reavivan reclamos históricos contra intervenciones externas y podrían alimentar debates en foros regionales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, conocida como CELAC, o entre agrupaciones políticas de izquierda y bloques alternativos.

Para Chile y otros países de la región, la cumbre plantea preguntas concretas: qué implicancias tendría una mayor presencia militar estadounidense en operaciones antidrogas respecto a la soberanía nacional, cómo afectaría la cooperación policial y judicial ya existente, y si la retórica de confrontación puede traducirse en presiones diplomáticas o en incidentes que provoquen flujos migratorios o tensiones fronterizas. Además, la iniciativa ocurre en un contexto hemisférico de alineamientos políticos variables, donde alianzas bilaterales con Washington conviven con proyectos de integración regional y con la preocupación por la autonomía tecnológica y económica.

Por ahora, la creación del llamado Escudo de las Américas quedó anunciada como una intención política, con declaraciones públicas de apoyo y críticas desde varios gobiernos. Quedan pendientes los detalles operativos, la lista definitiva de países participantes y la validación legal de cualquier acción militar multinacional, elementos que definirán si el anuncio se traduce en operaciones concretas o en un gesto político de campaña.