Los fundadores de la firma chilena Sudmédica aterrizaron la semana pasada en El Salvador para formalizar su primer proyecto internacional, luego de que la compañía aprobara hace un mes su plan de expansión regional. El objetivo declarado es levantar en la zona el que definen como el hospital privado más avanzado de Centroamérica, parte de una estrategia que requiere reunir US$ 150 millones para la construcción inicial de tres recintos.

La iniciativa nació en Quillota en 2018, cuando los ingenieros chilenos César Mendoza y Ian Couso, junto al cirujano chileno Mauricio Cortés, compraron un terreno motivados por la demanda local. Desde ese proyecto local, Sudmédica desarrolló un modelo autofinanciado en el que los médicos adquieren sus propias consultas para convertirse en socios, y así liberarse del pago de arriendo por sus servicios. Ese esquema remite al formato que tuvo Clínica Las Condes en sus inicios, una referencia del sector privado en Chile.

Para asegurar la concreción del plan regional, los accionistas fijaron incentivos financieros a su gerente general y fundador, César Mendoza. Según documentos y fuentes de la empresa, el primer premio es un bono del 2% del monto recaudado (US$ 3 millones) si Mendoza consigue el financiamiento en un plazo máximo de cinco años. El segundo incentivo es de US$ 2 millones si el valor de mercado de Sudmédica alcanza los US$ 200 millones en el mismo periodo y la firma tiene al menos tres hospitales operando. En los papeles de la compañía se estima que, para cumplir esa meta de valor, la acción debería pasar del promedio actual de US$ 1.094 a US$ 5.263, una alza aproximada del 479%.

La apuesta por El Salvador tiene una razón operativa. César Mendoza visitó el país en 2021, invitado por Nayib Bukele, presidente de El Salvador, y detectó una carencia de quirófanos y capacidad quirúrgica que justifica, desde su perspectiva, un proyecto de alta complejidad. Además, el gobierno salvadoreño ha impulsado medidas para facilitar trámites comerciales, como la propuesta del Ministerio de Economía de El Salvador para eliminar la exigencia de apostilla en ciertos documentos vinculados al comercio exterior, lo que a juicio de inversores podría hacer más expedita la llegada de capital y socios.

Aun así, fuentes del mercado y analistas financieros consultados por este medio sostienen que levantar US$ 150 millones para tres hospitales en la región es un desafío relevante. La magnitud del financiamiento obliga a combinar deuda, capital privado y posibles socios institucionales, y implica riesgos regulatorios y operativos: permisos sanitarios y municipales en El Salvador, acreditaciones, contratación de personal especializado, y adaptación del modelo de negocios a un mercado con características distintas a las de Chile.

Si el plan se materializa, Sudmédica pretende escalar su red hasta 10 centros en una década, lo que podría convertir a la empresa en un actor exportador de servicios de salud y gestión clínica desde Chile hacia Centroamérica. Para que eso ocurra, además del financiamiento, será clave la negociación con autoridades locales, la confirmación de inversores internacionales, y la prueba de que el modelo de consultas autogestionadas funciona en contextos con menor capacidad de pago.

En los próximos meses, la compañía debe concretar fuentes de financiamiento y permisos en El Salvador. Hasta ahora, los detalles sobre quiénes aportarán los fondos o las piezas del consorcio inversor no han sido publicados por Sudmédica, por lo que el proyecto sigue dependiendo de variables financieras y regulatorias que podrían acelerar o frenar la ejecución. Para Chile, la iniciativa es una muestra de interés privado por internacionalizar servicios de salud, pero su éxito real solo se conocerá si se cumplen las metas de financiamiento y operación fijadas por la propia empresa.