Más de 600 peruanos fueron reclutados con engaños para combatir en la guerra de Rusia contra Ucrania. Al menos 13 de ellos ya están muertos.
Sus familias denuncian amenazas, silencio oficial y una red criminal que opera desde las redes sociales con la precisión de una maquinaria aceitada. Un informe internacional presentado el 29 de abril en Kiev confirma que lo que viven esos peruanos no es un caso aislado: es el capítulo latinoamericano de un esquema global de trata de personas orquestado por el Estado ruso.
El mecanismo es siempre el mismo. Un mensaje por Instagram o Telegram con una oferta de trabajo en seguridad, cocina o transporte.
Un sueldo de hasta 4.000 dólares mensuales y un bono inicial de entre 20.000 y 50.000 dólares. Un contrato redactado en ruso que nadie entiende y que nadie explica.
Tres días después, el aeropuerto. Al llegar a Moscú, confiscación del pasaporte, el celular y el DNI.

