España se posiciona como centro de la lucha mundial contra el odio online, impulsando herramientas oficiales como Hodio y Faro para monitorear redes y avanzar hacia un mapa global del odio digital. El avance llega en un momento en que la definición y clasificación del odio siguen siendo complejas, entre la dificultad de recopilar mensajes y la ironía que esconden los doble sentidos.
La investigación nace con Xenometer, un proyecto que nació en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos (EE. UU.), y que hoy busca ampliar su alcance a una escala global. “Empecé el proyecto sobre xenofobia en la Universidad de Cornell justo después de la primera elección de Trump”, recuerda la profesora Beth Lyon, una de las impulsoras. Tras años de búsqueda de financiamiento y de reunir lingüistas, programadores y especialistas en migración, Xenometer ya obtuvo resultados piloto que analizaron 7.000 tuits de 11 cuentas célebres estadounidenses. Ahora el equipo tiene una pretensión mayor: “un mapa mundial del odio digital”, según el coautor Sergio García-Magariño, investigador que lidera el equipo junto a colaboradores de Colombia y El Salvador.
Sin embargo, mapear el pulso real del odio resulta más complejo que capturar una instantánea. “El pulso de la xenofobia es lo que aún no logramos entender con precisión”, admite García-Magariño. Entre los avances, destacan descubrimientos que ya se venían adelantando: el prejuicio continúa ubicándose de forma desproporcionada sobre personas procedentes de Marruecos y sobre la comunidad gitana. Además, el lenguaje en redes se está volviendo cada vez más sofisticado y sutil, lo que facilita que los grupos xenófobos parezcan estar bien asesorados y eviten caer en conductas que podrían ser delito en España.
En España la iniciativa está liderada por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, conocido como Oberaxe, que impulsa dos herramientas relevantes: Faro y la futura Hodio. Desde 2024 Faro monitoriza Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X, mientras Hodio deberá entregar su primer informe en breve para avanzar en la clasificación y contextualización de mensajes de odio. Oberaxe busca convertir estas plataformas en un laboratorio público para medir la magnitud y evolución del discurso discriminatorio, con estándares que podrían servir de referencia para países de la región.
El panorama Chile-centrado para la audiencia local es claro: la experiencia española llega en un momento en que la conversación sobre regulación de redes y defensa de derechos humanos está en agenda internacional. La pregunta para Chile es si estas métricas y herramientas pueden adaptarse a nuestra realidad, donde la frontera entre libertad de expresión y discurso de odio también genera debate, y donde las plataformas globales operan bajo marcos legales diferentes a los de España. Si bien cada país debe diseñar su propio marco, la prueba de España evidencia un giro: la lucha contra el odio online ya no depende solo de la denuncia, sino de una monitorización técnica y de datos que sirvan para políticas públicas y para educar a la sociedad en la era digital.
Conclusión: España quiere convertir la lucha contra el odio online en una política de Estado con herramientas compartidas y un marco científico robusto. Si logra consolidar un mapa fiable del odio digital, podría acelerar la creación de políticas públicas y de cooperación internacional que, en la práctica, afectarán también al ecosistema digital chileno y latinoamericano. En un terreno tan cambiante como este, las lecciones que surjan de Europa pueden marcar la ruta para otros países que buscan frenar la xenofobia sin erosionar derechos fundamentales.

