La Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) recibió un robot humanoide destinado a funcionar como un laboratorio vivo para investigación y formación en robótica e inteligencia artificial. No es solo una pieza de exhibición: la institución lo adquirió para integrar proyectos del área, incluido el Doctorado en Inteligencia Artificial en consorcio, según explican académicos de la casa de estudios.

Lo llamativo no es tanto que camine, sino el “cerebro” que lo hace hacerlo. La plataforma se describe como una plataforma abierta, es decir, que permite acceder al software y al control para que investigadores y estudiantes modifiquen, conecten nuevos sensores y desarrollen algoritmos propios. Además incorpora una llamada «arquitectura de cómputo de alto rendimiento», que en lenguaje simple significa capacidad para procesar grandes cantidades de datos y modelos de inteligencia artificial en tiempos cortos, ya sea ejecutándolos en la propia máquina o apoyándose en centros de cómputo externos.

En lo mecánico tiene 29 grados de libertad, que es la forma técnica de decir cuántos ejes y articulaciones puede mover de forma independiente; por ejemplo, cada pierna tiene seis grados, cada brazo siete y la cintura tres, lo que le permite reproducir movimientos humanos complejos. En términos mundanos, es como comparar un brazo robótico industrial típico, que suele tener seis ejes, con un esqueleto más próximo al humano que puede doblarse y girar en muchas más direcciones.

Su sistema sensorial amplía esas capacidades. El robot integra LIDAR 3D, que significa Light Detection and Ranging, o medición por luz, una cámara de profundidad, sensores inerciales que miden aceleración y velocidad angular y que son clave para la estabilidad, además de micrófonos y un sistema de audio para interacción humana y reconocimiento sonoro. Estos “sentidos” le permiten percibir el entorno, ajustar la marcha y empezar a ejecutar rutinas que involucren manipulación de objetos y navegación en espacios dinámicos.

La Dra. Silvia Restrepo, académica de la Facultad de Ingeniería de la UCSC y miembro del comité académico del Doctorado en Inteligencia Artificial en consorcio, dice que el robot “tiene muchas más funcionalidades que las que se han visto hasta ahora” y lo atribuye a la combinación de sensores y actuadores. La frase ayuda a recordar que las demostraciones públicas suelen mostrar solo una parte visible del trabajo en robótica, mientras que el aporte real está en el software y los datos que corren tras bambalinas.

¿Y qué significa esto para Chile? A corto plazo, la llegada del equipo ofrece un aula práctica para estudiantes de ingeniería y ciencias de la computación, y una plataforma para tesis y proyectos de posgrado. A mediano plazo, puede acelerar transferencia tecnológica hacia empresas locales que desarrollan automatización, robótica de servicio o aplicaciones de rehabilitación, siempre que existan financiamiento y vínculos efectivaos con la industria. Para un país que busca fortalecer capacidades en IA aplicada, disponer de un “laboratorio humanoide” aporta una herramienta tangible para formar talento y validar soluciones en entornos reales.

El próximo desafío será abrir la caja negra y compartir módulos de software, datos y protocolos de prueba, para que el valor del equipo no quede solo en demostraciones. La UCSC lo presenta como un recurso para docencia e investigación; la prueba vendrá cuando grupos académicos y empresas chilenas empiecen a publicar resultados y proyectos concretos basados en esta plataforma. Mientras tanto, la parte visible, que camina y saluda, es solo la punta del iceberg del trabajo que puede estimular en la formación y la industria nacional.