En la noche del Festival de Viña del Mar de 2025, la cantante chilena Myriam Hernández recibió la Gaviota de Platino, y con ello se integró a un grupo muy reducido de artistas que han obtenido esa distinción en los 65 años del certamen. El trofeo, que se entrega en la Quinta Vergara, es tan simbólico como raro: según un decreto municipal de Viña del Mar, su carácter es excepcional, y su diseño físico incorpora 85 cristales de Swarovski sobre una figura hecha en cromo y rodio.
La historia del premio confirma esa rareza. Hasta ahora la Gaviota de Platino solo se ha concedido en muy pocas ocasiones, y las personalidades que la han recibido comparten rasgos claros: carreras largas, una relación estrecha con el público y presentaciones que quedan como hitos en la memoria del festival.
El primero en sumar esta condecoración fue Luis Miguel, cantante mexicano. Su vínculo con Viña comenzó a los quince años, cuando en 1985 fue aplaudido por el público viñamarino, y dos décadas después el Festival lo homenajeó reconociendo sus tres décadas de carrera con la Gaviota de Platino. Ese momento sentó un precedente sobre cómo el certamen premia trayectoria y sintonía masiva.
Otra figura que recibió el galardón fue Isabel Pantoja, cantante española, tras una actuación extensa y celebrada en la noche del festival de 2017. En ese caso la entrega tuvo un matiz emocional especial: parte de la motivación estuvo ligada a la cercanía artística con el fallecido compositor mexicano Juan Gabriel, a quien originalmente se le había previsto la distinción.
Myriam Hernández, cantante chilena, completó en 2025 la lista de quienes han alcanzado la Gaviota de Platino, según el recuento oficial comunicado por la organización del festival ese año. Aunque el número total de galardonados es reducido, la prensa y el público suelen recordar con nitidez cada entrega, porque cada una condensa expectativas, memoria afectiva y el poder de convocatoria del artista.
No todas las referencias públicas ofrecen un listado único y cerrado de los cinco ganadores; la historiografía del Festival de Viña combina archivos del municipio, crónicas periodísticas y testimonios de asistentes. Por eso, para quienes quieran verificar nombres y fechas puntuales, lo prudente es consultar los archivos del Municipal de Viña del Mar o las actas del festival, donde constan las decisiones oficiales.
La Gaviota de Platino funciona, en el imaginario del festival, como un termómetro de prestigio. No es solo un trofeo costoso y adornado; es un reconocimiento que cristaliza la relación artista-público y que, por su rareza, mantiene la expectación en cada edición sobre si habrá o no un nuevo receptor. Para el Festival de Viña, mantener esa escasez contribuye a su mitología: la gaviota de metal no se entrega por rutina, sino por momentos que el público y la historia del espectáculo juzgan inolvidables.
