La Embajada de Brasil en Chile informó este martes que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva no viajará a Santiago para el cambio de mando por "temas de agenda interna". En su lugar, la delegación brasileña estará encabezada por el canciller Mauro Vieira, quien representará oficialmente al gobierno brasileño en la ceremonia.
La ausencia del mandatario brasileño adquiere relevancia política en Santiago porque la visita había incluido, según trascendidos, una posible reunión con José Antonio Kast, líder del Partido Republicano de Chile, en la que se esperaba conversar sobre la eventual candidatura de Michelle Bachelet a la secretaría general de la Organización de las Naciones Unidas, el cargo ejecutivo del organismo multilateral.
La postulación de Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, ha sido impulsada públicamente por Brasil, México y Chile. En ese contexto, la presencia de Lula era vista como un respaldo de peso regional. La representación por parte del canciller Mauro Vieira, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, mantiene formalmente el apoyo diplomático, pero reduce la ventana para gestos personales y negociaciones informales que suelen concretarse en viajes de jefe de Estado.
Parlamentarios de la oposición en Chile reaccionaron criticando la decisión. Diego Schalper, diputado por Renovación Nacional, afirmó que la ausencia puede afectar la proyección internacional de la ex mandataria y cuestionó además el proceso interno con que se impulsó la candidatura. "Creo que la mayor perjudicada por la ausencia del presidente Lula va a ser la presidenta Bachelet", señaló Schalper, y agregó que el gobierno del presidente Gabriel Boric no buscó un acuerdo transversal antes de anunciar la postulación.
La situación expone dos tensiones simultáneas. Por una parte, la política interna brasileña que Lula alegó como motivo de la cancelación; por otra, la necesidad de acuerdos multilaterales y de respaldos concretos para avanzar en una campaña por la secretaría general de la ONU. El puesto requiere no solo apoyo regional, sino también negociaciones en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Asamblea General, ámbitos donde los avales personales de líderes como Lula pueden pesar.
Para Chile, el episodio tiene un doble efecto. Debilita momentáneamente la capacidad de la candidatura de Bachelet para exhibir un frente regional unido, y obliga al gobierno chileno a intensificar la diplomacia multilateral para compensar la ausencia de un gesto presidencial brasileño. A la vez, deja abierta la posibilidad de que las conversaciones se reubiquen en otras instancias diplomáticas en las próximas semanas, dado que la Embajada de Brasil y el gobierno chileno no han informado de un rechazo formal al respaldo.
Quedan preguntas prácticas: si y cuándo se reprogramarán encuentros bilaterales, y cómo coordinarán Brasil, México y Chile la estrategia para la postulación en Nueva York. Mientras tanto, la representación por parte de Mauro Vieira formaliza la presencia brasileña en la ceremonia, pero la ausencia de Lula reduce la visibilidad política del apoyo, un factor que los promotores de la candidatura de Bachelet deberán gestionar en la agenda internacional que sigue por delante.
