El ex presidente Donald Trump defendió con vehemencia el uso de aranceles durante un acto en Coosa Steel Corporation, en la ciudad de Rome, estado de Georgia, donde dijo que “los aranceles son mi palabra favorita en el diccionario” y promovió la medida como herramienta para fortalecer la industria manufacturera estadounidense.

Trump afirmó que sin aranceles Estados Unidos estaría en problemas y dijo que espera una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos, el máximo tribunal del país, sobre la constitucionalidad de su política comercial. Atribuyó las impugnaciones judiciales a lo que llamó personas “orientadas a China” y sectores canadienses, sin aportar pruebas públicas nuevas sobre esos señalamientos.

La visita tuvo lugar en un estado clave para las elecciones intermedias y fue destinada a mostrar gestión económica ante una aprobación presidencial que, según sondeos, está por debajo de lo esperado. Sin embargo, gran parte del discurso se concentró en las reiteradas y no verificadas acusaciones de fraude electoral de Trump. Criticó a los demócratas por no apoyar el Save America Act, un proyecto que busca limitar el voto por correo, exigir presentación de identificación con foto en las mesas y prueba de ciudadanía al inscribirse para votar. Ese proyecto pasó en la Cámara de Representantes, pero enfrenta el obstáculo del filibuster, una regla del Senado que normalmente exige 60 votos para avanzar leyes.

Trump también dijo que el voto por correo debería reservarse para militares desplegados o personas imposibilitadas, y sostuvo que con ese sistema “se hace trampa”. Las denuncias de fraude masivo en el voto por correo son extraordinariamente infrecuentes según investigaciones y funcionarios electorales, y documentos vinculados a una investigación tras una requisa del FBI, la Oficina Federal de Investigaciones de EE.UU., indicaron que parte de la indagación se basó en afirmaciones ya desmentidas de activistas conservadores.

Reacciones políticas fueron previsibles: simpatizantes conservadores celebraron la defensa del proteccionismo como reactivador industrial, mientras demócratas y expertos electorales subrayaron la falta de pruebas sobre el fraude y advirtieron sobre el riesgo de socavar la confianza en los procesos. En el frente jurídico, la Corte Suprema será clave para dirimir si la Casa Presidencial puede imponer esos aranceles sin la aprobación del Congreso.

¿Por qué importa esto para Chile y la región? Primero, porque la economía mundial es sensible a la política arancelaria de Estados Unidos. Un endurecimiento del proteccionismo puede alterar cadenas de suministro, presionar precios de commodities y cambiar flujos comerciales. Chile, con una economía exportadora donde el cobre es el principal producto, depende de mercados estables: medidas que afecten la demanda industrial global o generen incertidumbre pueden influir en el precio del cobre y en la confianza de inversionistas.

Además, Estados Unidos es uno de los socios comerciales de Chile y mantiene un Tratado de Libre Comercio con nuestro país. Aranceles norteamericanos más altos, o la amenaza de ellos, pueden empujar a empresas y gobiernos a diversificar compradores y proveedores, acelerando la fragmentación comercial en bloques. Para sectores chilenos intensivos en exportación, como fruticultura, salmón y vinos, cualquier fricción que encare el comercio o deteriore la demanda de los mercados desarrollados es relevante.

Qué seguir: la decisión de la Corte Suprema sobre la constitucionalidad de los aranceles, el avance o bloqueo del Save America Act en el Senado, y señales de mercados sobre cómo reaccionan los precios de commodities y el apetito por riesgo. En Chile, conviene vigilar comunicaciones oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores y de las asociaciones exportadoras sobre posibles impactos y estrategias de diversificación de mercados.