Andrea, 35 años, entró a una tienda y se detuvo frente a una chaqueta que le gustaba, pero se preguntó si realmente la necesitaba y se fue sin comprarla. Javier, 37 años, gana lo que califica como un sueldo por encima de la media, pero siente una alerta constante: cualquier gasto le parece capaz de desestabilizar su vida. Historias como las de ellos describen una relación con el dinero marcada por la escasez vivida en la infancia, y por una sensación persistente de vulnerabilidad que muchas personas siguen arrastrando aun cuando su situación económica mejora.

La literatura científica describe este fenómeno como una "mentalidad de pobreza" o como efectos de la escasez sobre la cognición. Un estudio liderado por Anandi Mani y publicado en la revista Science en 2013 mostró que la pobreza puede consumir recursos mentales, reduciendo la capacidad para tomar decisiones complejas en el corto plazo. Investigadores como Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir han profundizado en cómo la escasez impone una carga cognitiva y genera prioridades cortoplacistas, en su libro "Scarcity" (2013).

Además, instituciones como el Harvard Center on the Developing Child advierten que el estrés crónico durante la infancia, conocido como estrés tóxico, altera el desarrollo cerebral y puede afectar la regulación emocional y la toma de decisiones en la vida adulta. La Asociación Americana de Psicología, American Psychological Association, también ha señalado que la ansiedad financiera es un factor de riesgo importante para la salud mental.

Ese historial explica por qué muchas personas sienten culpa o miedo al gastar, incluso cuando tienen capacidad financiera. No se trata solo de falta de disciplina o de una postura frugal razonable; es una reacción que se instala como una creencia sobre la propia identidad económica, y que influye en decisiones grandes, como postergar la compra de una vivienda, y en decisiones pequeñas, como renunciar a actividades de ocio.

Los especialistas recomiendan intervenir en dos frentes: el psicológico y el práctico. En el plano psicológico, terapias centradas en la conducta, como la terapia cognitivo-conductual, y la llamada "terapia financiera" pueden ayudar a identificar las creencias que generan culpa y a reemplazarlas por hábitos más adaptativos. En el plano práctico, existen herramientas conductuales validadas por la investigación, como la automatización del ahorro y los planes de compromiso, cuya eficacia fue documentada por Richard Thaler y Shlomo Benartzi en el programa "Save More Tomorrow".

Para quien reconoce este patrón, los pasos concretos incluyen establecer un presupuesto realista, crear un fondo de emergencia que reduzca la sensación de riesgo, y reservar una porción del ingreso para el placer sin culpa. Planificar, presupuestar y permitir espacios para el disfrute sin culpa son recomendaciones que combinan técnica financiera y trabajo emocional.

Es importante distinguir entre correlación y causalidad: la evidencia muestra que la escasez y el estrés infantil se asocian con peores decisiones financieras posteriores, pero los caminos son complejos y median factores sociales, educativos y de salud. Tampoco todas las personas que crecieron en pobreza desarrollan esta mentalidad, y la presencia de redes de apoyo, educación financiera y acceso a salud mental modulan mucho el resultado.

Para la población chilena, donde la experiencia de precariedad es parte de la historia de muchas familias, estos hallazgos ponen el foco en políticas públicas que reduzcan la inseguridad económica en la infancia y en servicios de apoyo psicológico accesibles. A nivel individual, profesionales de la salud mental y asesores financieros pueden trabajar de la mano para tratar tanto la sensación de amenaza como las decisiones prácticas.

Reconocer que el temor a gastar puede ser una cicatriz de la escasez y no una falla moral es el primer paso para cambiarlo. Con intervenciones sencillas y apoyo profesional, es posible que el dinero deje de ser una fuente constante de ansiedad y vuelva a ser también un medio para el disfrute y la seguridad.

Fuentes: Mani A. et al., "Poverty impedes cognitive function", Science, 2013; Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir, "Scarcity: Why Having Too Little Means So Much", 2013; Harvard Center on the Developing Child, reportes sobre estrés tóxico; American Psychological Association, recursos sobre estrés financiero; Thaler R. y Benartzi S., "Save More Tomorrow".