El actor estadounidense Robert Carradine, miembro de la conocida dinastía Carradine de Hollywood, murió a los 71 años, informó su familia a través de su representante en Estados Unidos. No se ha detallado públicamente la causa del fallecimiento.

En un comunicado, sus cercanos describieron a Carradine como "un faro de luz" para su familia y revelaron que enfrentó durante casi dos décadas un trastorno bipolar, información que también consignó la cadena CNN. “Queremos que la gente lo sepa, y no hay vergüenza en ello”, declaró Keith Carradine, su hermano y también actor, según el mismo comunicado, explicando que la familia hizo pública la situación para ayudar a reducir el estigma sobre las enfermedades mentales.

La carrera de Robert Carradine se mueve entre el cine y la televisión populares. Su salto a la fama ocurrió con la comedia juvenil La venganza de los nerds, película que lo instaló en la cultura pop de los años ochenta. Más tarde, una generación lo reconoció como el padre de la protagonista en la serie juvenil de Disney, un rol que dejó huella en audiencias de Estados Unidos y Latinoamérica, donde Disney Channel convirtió a programas como Lizzie McGuire en referentes de la infancia y la adolescencia de los 2000.

Nacido el 24 de marzo de 1954, Robert era hijo del actor de carácter John Carradine, un rostro recurrente del cine clásico dirigido por John Ford, y hermano de David Carradine, conocido por la serie Kung Fu y por su trabajo con Quentin Tarantino en Kill Bill, y de Keith Carradine, ganador del Oscar a mejor canción original en 1976. Los tres hermanos compartieron pantalla en el western The Long Riders en 1980, y Robert participó de joven en The Cowboys junto a John Wayne.

Más allá de los títulos, la historia de Carradine conecta con debates actuales: el peso de las dinastías familiares en la industria del entretenimiento y la visibilidad de la salud mental entre artistas. La decisión de su familia de hablar abiertamente sobre el trastorno bipolar busca convertir una pérdida personal en una llamada pública a la empatía y a la comprensión.

La compañía que representaba a Carradine informó la noticia, pero no entregó detalles sobre honras fúnebres ni otras gestiones. Quedan, además de su filmografía, los recuerdos de audiencias que crecieron con sus personajes y la invitación de su familia a enfrentar sin vergüenza los desafíos de la salud mental.