La economía doméstica recibe otro golpe. El jueves pasado entró en vigor en Chile una alza de los combustibles que el gobierno justificó con la escalada mundial del petróleo por la crisis en Irán y que fue gestionada a través del Mecanismo de Estabilización del Precio de los Combustibles, conocido como Mepco. Con esa modificación, la bencina de 93 octanos subió $372, la de 97 octanos $392 y el diésel $580. El primer impacto ya se siente al momento de llenar el tanque y, a partir de ahora, podría trasladarse a otros rubros, entre ellos la alimentación.

En la región Metropolitana, el kilo de pan de marraqueta y hallulla se mantiene en promedios cercanos a $2.000. Aunque el costo de transporte es un factor transversal para toda la canasta básica de alimentos, el pan depende también de costos de producción, principalmente del uso de hornos industriales que funcionan con gas y diésel. Por eso se espera que el incremento del crudo termine contagiando el costo de horneado y destruya parte de la rentabilidad de los panaderos.

Según el economista de la firma Euroamerica, Felipe Alarcón, la trayectoria de precios depende de cuánto del alza del crudo se transmita al gas, insumo clave en la cocción. “El alza será sí o sí. Ahora, la magnitud de cuánto del incremento del crudo se transmite al gas, que es el insumo clave, es la variable a determinar”, señala. Por su parte, Juan Mendiburu, presidente de Indupan, estima que solo por costos de horneado podría haber un alza de $50 por kilo de pan crudo, más $40 por kilo por concepto de transporte. En conjunto, habla de un alza final de entre 5% y 10%. Mendiburu añade que la fecha probable de ajuste sería durante abril y que cada panadero tiene costos y estructuras distintas.

El dirigente advierte además que, si la escalada de precios continúa, podría haber efectos sobre el transporte marítimo y la llegada de trigo a Chile. Sin embargo, el texto disponible se corta en esa última idea, dejando incompleta la explicación sobre proveedores y vías de suministro. En cualquier caso, el impacto directo para la gente parece claro: mayores costos en un alimento básico, ya de por sí relevante para la canasta y para el bolsillo de las familias chilenas. En este escenario, la conversación ahora se centra en cuánto se transmite la alza del crudo a la vida diaria y cuánto tardarán los comercios en trasladar esa factura a las estanterías y al rostro de la gente.