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Políticaasistido por IA

A un año del 25F, debate por seguridad en la transición energética

Ilustración del perfil editorial Sofía HerreraSofía HerreraEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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Un año después del apagón del 25 de febrero de 2025, Chile discute cómo ampliar renovables sin poner en riesgo la seguridad de suministro.

El apagón del 25 de febrero de 2025 obligó a revisar la operación del sistema eléctrico chileno y reabrió el debate sobre expansión de renovables, almacenamiento y transmisión. La falla, que afectó múltiples regiones del país, dejó claro que la capacidad instalada ya no basta; importa cómo esa capacidad responde en tiempo real.

Chile ha hecho una apuesta decidida por la descarbonización y hoy tiene una de las matrices eléctricas más limpias de la región. Sin embargo, la creciente participación de generación solar y eólica cambia las reglas de la operación. La disponibilidad efectiva depende del comportamiento en tiempo real, la coordinación entre actores y la capacidad de respuesta ante contingencias.

La acelerada electrificación de la economía, impulsada por la digitalización y la electromovilidad, eleva la demanda por energía continua y confiable. Eso tensiona la red y pone a prueba servicios esenciales como la salud, el transporte y la conectividad digital. En ese contexto, la discusión no debe ser binaria entre acelerar o frenar la transición, sino sobre cómo gestionar técnicamente un sistema con alta penetración renovable.

La experiencia internacional muestra que los sistemas más robustos combinan tecnologías complementarias: almacenamiento a gran escala, respuesta de demanda, respaldo térmico flexible y mayor capacidad de transmisión. Esas soluciones otorgan valor sistémico a la flexibilidad operativa y al respaldo firme, especialmente frente a eventos simultáneos como baja hidrología, escaso viento o fallas en líneas de transmisión.

Chile cuenta además con infraestructura estratégica que puede ayudar a sostener la seguridad: centrales a gas en operación, terminales de Gas Natural Licuado (GNL) consolidados y gasoductos que permiten integración con Argentina. La vinculación con Vaca Muerta, la formación no convencional de gas y petróleo en Argentina, abre oportunidades regionales para complementar la oferta con costos competitivos y menores emisiones relativas frente a combustibles líquidos.

Quién gana y quién pierde depende de las decisiones que adopten reguladores, empresas y mercados. Ganan los consumidores y la economía si hay inversión en almacenamiento, transmisión y mecanismos que valoren la firmeza del suministro. Pueden perder los usuarios si la transición avanza sin señales claras de inversión en respaldo y sin un diseño de mercado que incentive la disponibilidad cuando más se necesita.

El próximo año será clave en tres frentes: señales de inversión claras desde el regulador, mayor integración regional del gas y avances en almacenamiento y flexibilidad operativa. Sin esas medidas, el país arriesga que cortes puntuales vuelvan a traducirse en costos sociales y económicos elevados. Con políticas técnicas y coordinación, la transición puede seguir siendo acelerada y, al mismo tiempo, segura para la ciudadanía.

Fuente original

latercera.com

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