El cardiólogo estadounidense Eric Topol, en su newsletter Ground Truths y en su cuenta en X (antes Twitter), advirtió recientemente que la popularidad de los relojes inteligentes ha puesto en primer plano una métrica que muchas personas interpretan mal y persiguen como un número único de salud.

El término VO₂ max, o volumen máximo de oxígeno, describe la cantidad máxima de oxígeno que el organismo puede usar durante un esfuerzo intenso. Se expresa habitualmente en mililitros por kilogramo por minuto (ml/kg/min) y, en entornos deportivos o de laboratorio, se mide con equipos que analizan el intercambio gaseoso mientras la persona corre o pedalea bajo supervisión profesional.

Esa necesidad de laboratorio es clave para entender los límites del dato: los dispositivos de muñeca no registran gases, sino que estiman el VO₂ max a partir de frecuencia cardiaca, velocidad y algoritmos, lo que introduce un margen de error. Por eso muchos pacientes llegan preocupados porque su reloj muestra una disminución, cuando esa variación puede responder a ruido de medición, cambios en el ritmo de entrenamiento o ajustes del propio algoritmo del fabricante.

Topol subraya además la distinción entre VO₂ max y la aptitud cardiorrespiratoria, conocida en inglés como cardiorespiratory fitness, o CRF por sus siglas. Según el cardiólogo, "Más del 99 % de los datos de aptitud física para los resultados de mortalidad por cualquier causa y mortalidad cardiovascular provienen de la aptitud cardiorrespiratoria, no del VO₂ máx." Esta afirmación remite a un metaanálisis citado por Topol que incluyó 42 estudios y 3,8 millones de participantes, y que relaciona la CRF con menor mortalidad.

La diferencia práctica es que la CRF se evalúa en términos funcionales y de capacidad sostenida, y suele ser un concepto más directamente ligado a la salud poblacional que una cifra puntual de VO₂ max estimada por un wearable. Además, el VO₂ max depende de la edad, el sexo y el nivel de entrenamiento; de esos factores, el ejercicio regular es el que puede modificarse de forma directa y sostenida.

¿Qué aconsejar ante un número bajo o fluctuante en el reloj? Primero, interpretar las lecturas como tendencias, no como un diagnóstico. Segundo, priorizar acciones con evidencia: aumentar la actividad física de forma sostenida, combinar ejercicios aeróbicos con entrenamiento de fuerza y variar la intensidad. Tercero, consultar con un profesional de la salud si hay síntomas cardiacos, pérdida de capacidad funcional o si se requiere una evaluación precisa; en esos casos, el test de esfuerzo con análisis de gases en laboratorio es la referencia.

Los dispositivos pueden ser útiles para motivar y seguir progresos, pero deben usarse con criterio: sirven mejor para comparar semanas o meses que para creer en una cifra exacta del día a día. A futuro, los algoritmos y los sensores pueden mejorar, pero hoy la recomendación de los especialistas citados es clara: no perseguir un número aislado, sino trabajar en una aptitud cardiorrespiratoria real y comprobable con actividad física sostenida y, cuando corresponda, con evaluación clínica.

Para la mayoría de las personas en Chile, eso significa enfocarse en ser más activos en la semana, incorporar sesiones de mayor intensidad de forma progresiva y consultar al médico en caso de dudas sobre el corazón o la capacidad física. Los especialistas insisten en que la salud cardiovascular se mide mejor por cómo funciona el cuerpo en conjunto que por un solo indicador estimado por un reloj.