Stefan Kramer, comediante e imitador chileno, volvió a la Quinta Vergara la noche del domingo 22 de febrero y se llevó las dos gaviotas con un espectáculo que mezcló autobiografía, música y punzantes alusiones a figuras públicas.
El show comenzó pasada la medianoche, con proyecciones de sus personajes y un arranque que Kramer describió como más contenido: "Es un show un poco más íntimo y reflexivo", dijo en escena, y bromeó sobre la atención en los celulares, "Si esto les gusta, denme un like". A partir de ahí desplegó un repaso de su oficio: imitaciones, canciones y confesiones sobre por qué parte del público lo considera hoy obsoleto.
La función adoptó el tono de revancha. El recuerdo de su presentación dividida en 2020, que incluyó menciones al estallido social de 2019 y que fue objeto de críticas, estuvo presente en la narrativa. También pesó la reciente performance en la Teletón, donde su réplica a Cristian Castro, cantante mexicano, fue considerada por varios como poco afortunada. En Viña, Kramer trabajó esas heridas con autocrítica y oficio, sin la fulminante ola de antaño, pero con eficacia sostenida.
En el terreno político y de farándula, el comediante realizó guiños y chistes sobre figuras actuales: Bad Bunny, el cantante puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio; Gabriel Boric, presidente de Chile; y José Antonio Kast, político chileno. Sus observaciones no buscaron líneas discursivas extensas, sino golpes de humor que rehacen —en clave popular— el debate sobre la vigencia del imitador y la figura pública en la era de las redes.
Hubo momentos netamente musicales, recuerdos de personajes consagrados y una reflexión sobre la memoria del público, desde comparaciones con artistas como Shakira y Guns N’ Roses hasta menciones a Miguel "Negro" Piñera, músico y empresario chileno. Kramer usó el escenario para plantear que su propio repertorio envejece junto con el público, y que la sátira debe renovarse para seguir siendo espejo.
La reacción en la Quinta Vergara fue mayoritariamente positiva: risas, aplausos y finalmente la entrega de las gaviotas. El triunfo confirma que, pese a tropezones recientes, Kramer conserva la capacidad de conectar y de provocar conversación, aunque ahora desde un registro más contenido.
Desde la perspectiva cultural, su paso por Viña 2026 habla de dos cosas: de la perdurabilidad del imitador como figura popular en Chile, y de la necesidad de que el humor político y la sátira se readapten al clima posestallido y a la fragmentación mediática. Si la revancha fue cumplida, la lección parece ser que la veteranía no basta; exige reinvención constante y una lectura atenta del presente.