Un niño que acompañaba a los futbolistas en la salida al campo, durante la final del Campeonato Mineiro en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte, metió la mano en su short y, ante las cámaras, le arrancó la cabeza a una gallina de goma. El gesto ocurrió en la previa del pitazo inicial, mientras se entonaba el himno del torneo.
Según las imágenes de la transmisión oficial y las crónicas del partido, el acto fue deliberado y dirigido. En el fútbol brasileño, al Clube Atlético Mineiro se le conoce popularmente como el Galo, que en portugués significa gallo o gallina, por lo que la acción fue interpretada como una burla hacia ese club rival.
La final, que terminó con victoria de Cruzeiro Esporte Clube por 1-0, derivó en incidentes mayores en el campo. El partido en el Estadio Mineirão concluyó con una pelea masiva entre miembros de ambos equipos y, según reportes de prensa, terminaron expulsados 23 jugadores. Tras el choque, Givanildo Vieira de Sousa, conocido deportivamente como Hulk y delantero brasileño, ofreció una disculpa pública y atribuyó parte de la responsabilidad al arbitraje del encuentro, identificado en las crónicas por su nombre de pila, Matheus.
El episodio del niño fue ampliamente compartido en redes sociales y generó críticas por involucrar a menores en gestos provocadores durante un espectáculo deportivo. En Brasil existen normas y protocolos sobre la participación de niños en salidas oficiales de equipos, pero no hay hasta ahora información pública sobre sanciones o investigaciones formales derivadas de esta acción específica.
Representantes de Cruzeiro y de Clube Atlético Mineiro no han informado sanciones disciplinarias relacionadas con el incidente del niño, según los comunicados publicados por ambos clubes hasta la noche del partido. Tampoco hay hasta el momento una declaración pública de la Federação Mineira de Futebol, la entidad que organiza el torneo regional, sobre medidas frente al comportamiento de las barras o la utilización de menores en los actos de protocolo.
El hecho vuelve a poner en debate la tensión que rodea los clásicos del fútbol brasileño, donde las provocaciones entre hinchadas forman parte de la cultura del juego, pero también cruzan límites cuando afectan a menores o escalan hacia la violencia institucionalizada. En las próximas horas los clubes y la organización del Campeonato Mineiro podrían abrir indagaciones internas o adoptar medidas preventivas para futuras finales, según fuentes consultadas en medios locales.
Por ahora, la imagen del juguete decapitado quedó como una de las escenas más comentadas de una final que, en lo deportivo, consagró a Cruzeiro y, en lo institucional, reavivó las preguntas sobre seguridad, conducta de hinchadas y el rol de las entidades organizadoras.