En pleno estreno de la película El Diablo Viste a la Moda 2, José Antonio Neme habló con Fotech.cl en su rol de cuarto panelista de Que Te Lo Digo y abordó la polémica entre Sergio Rojas y Antonella Ríos que ha dominado las conversaciones en los últimos días. La conversación apareció como un cruce entre apoyo y crítica, iluminando el pulso de una industria donde la opinión pública y las redes acogen cada gesto de las figuras que pueblan la farándula.
Afirmó que «me cae bien Antonella, le tengo cariño. Ella… bueno… Nunca es grato que te saquen de un lugar donde uno trabaja. Yo creo que es duro, ¿no? Dejar un trabajo, que te echen o que te digan que ‘no, que no vengas más’». Hay alguien que habla desde el dolor, y eso yo empatizo con ella, añadió, señalando que la experiencia personal no debe invisibilizar el dolor ajeno en una conversación pública.
Luego, el rostro de Mega cuestionó que todos señalen que «Sergio Rojas sea el monstruo más grande de la televisión chilena porque hable de… digamos… del resto de los panelistas de farándula… ¡Por favor! O sea, estamos todos en esta industria. Por favor, párense, límpiense las rodillas y jueguen el juego».
«Yo hoy día veía panelistas de farándula: ‘Ay, es que Sergio Rojas habló de mí, y habló de mí, y habló de mí’. Bueno, todos hablan de todos en esta industria», añadió en su defensa. Por lo mismo, para Neme, «Sergio Rojas hace un excelente trabajo, a mí me encanta. Es provocador, incisivo… ese es su trabajo. Eso es farándula».
Cierra la conversación con claridad: «a mí me cae súper bien y encuentro que es muy talentoso»; esas palabras marcan una postura de apoyo a un colega que ha sido objeto de críticas en un momento de alta exposición mediática. El testimonio de Neme se inscribe, como siempre, en la tensión entre espectáculo y responsabilidad, dos fuerzas que conviven en la televisión chilena y que, en este momento, se disputan el centro de la conversación pública, con el cine como telón de fondo de una temporada marcada por debates sobre ética, ventilar y jugar limpio en una industria que no perdona.
La conversación, más allá de lo personal, ofrece una lectura sobre cómo se negocian las identidades en la televisión local: la defensa de un estilo provocador, la empatía por quienes viven del dolor y la insistencia en que el juego mediático tiene reglas que deben cumplirse. En ese cruce, el cine, los programas de espectáculos y las entrevistas cortas se entrelazan para revelar una cultura que observa, comenta y se interroga sobre sus propias prácticas.
