Este 27 de junio se cumplen 80 años de la muerte de Juan Antonio Ríos, cuarto presidente de Chile en fallecer mientras ejercía el cargo. Su nombre no figura entre los más recordados de la historia republicana, pero dejó una huella institucional concreta: durante su gobierno impulsó una reforma constitucional que consolidó la autonomía de la Contraloría General de la República.

Ríos llegó a La Moneda en 1942 con una base política inusualmente amplia. Lo respaldaron el Partido Radical, el Socialista, el Democrático, el Agrario, el Comunista, el Socialista de los Trabajadores, los falangistas y un sector del liberalismo. Con esa coalición derrotó a Carlos Ibáñez del Campo, el exmandatario que volvía al ruedo electoral. Su periodo estaba fijado hasta 1948.

El contexto de la Segunda Guerra Mundial marcó buena parte de su gestión. Chile intentó mantenerse neutral ante el conflicto que dividió al mundo entre las potencias aliadas y las del Eje, formado por Alemania, Italia y Japón. La postura no duró. Según recoge la Biblioteca del Congreso Nacional, en 1945 y bajo presión directa de Washington, el gobierno chileno rompió relaciones diplomáticas con los tres países del bloque nazi-fascista. Poco después, Ríos viajó a Estados Unidos para reunirse con el presidente Harry Truman en días de máxima convulsión internacional.

Fue al regresar de esa gira cuando su salud se deterioró de forma severa. El diagnóstico de un cáncer digestivo había llegado en 1944, pero la crisis se agudizó tras los viajes de 1945. El oriundo de Cañete, localidad de la actual región del Biobío, completó cuatro años en el cargo antes de que la enfermedad avanzara sin retorno. Murió el 27 de junio de 1946, sumándose a Federico Errázuriz Echaurren, Pedro Montt y su antecesor Pedro Aguirre Cerda entre los presidentes chilenos que no terminaron su mandato con vida.

Su gobierno intentó construir un "gabinete de unidad nacional" que integrara a dirigentes de izquierda y de derecha. Según informó BioBío Chile, ese esfuerzo chocó con la oposición permanente de los partidos políticos. Sin embargo, en 1943 logró concretar una enmienda constitucional que otorgó a la Contraloría General de la República rango constitucional expreso, separando formalmente al organismo fiscalizador del control del Ejecutivo. Una reforma que ningún gobierno posterior deshizo y que hoy sigue siendo parte de la arquitectura institucional del Estado chileno.