La Cámara de Diputados de Argentina aprobó la reforma laboral, en una sesión tensa que duró más de diez horas y que llegó tras huelgas y protestas de la CGT. El paquete, aprobado 135-115, crea un Fondo de Asistencia Laboral, conocido como FAL, que sus críticos dicen puede restar recursos al sistema de seguridad social.
La discusión reavivó una fractura interna en el peronismo. Legisladores vinculados a gobernadores provinciales aportaron el quórum que permitió abrir la sesión y avanzar con la iniciativa impulsada por el presidente Javier Milei, líder del partido La Libertad Avanza. Entre los gobernadores señalados están Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Gustavo Sáenz (Salta), Hugo Passalacqua (Misiones) y el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora. Diputadas cercanas a Cristina Fernández de Kirchner, como Julia Strada y Lucía Cámpora, hicieron pública su molestia en redes sociales. Mayra Mendoza también cuestionó a quienes, según ella, llegaron en boletas del peronismo y facilitaron la votación.
Consecuencias inmediatas Políticamente, la votación expone una tensión clásica del peronismo: el choque entre la conducción nacional del Partido Justicialista, asociada al kirchnerismo y a Cristina Fernández de Kirchner, y los gobernadores provinciales, que actúan como actores autónomos con su propia agenda. En lo práctico, la aprobación de la reforma abre un escenario de mayor flexibilización laboral en Argentina y genera incertidumbre sobre la financiación de prestaciones sociales por el empuje del FAL.
Análisis e impacto regional Históricamente, el peronismo ha tenido estas divisiones entre la cúpula nacional y los llamados caudillos provinciales. Lo nuevo es que esos gobernadores hayan facilitado con su bancada el avance de un paquete promovido por un gobierno de perfil liberal y antikirchnerista, lo que debilita la coherencia política del espacio. Quien gana en lo inmediato son los gobernadores y el oficialismo de Milei, que suman respaldo legislativo; pierde, por ahora, la hegemonía de la bancada kirchnerista dentro del PJ.
Para la ciudadanía argentina, la lectura es doble: por un lado, mayor riesgo de menor protección laboral y presiones sobre fondos sociales, por otro, una fractura interna que podría traducirse en menos capacidad de oposición política unificada. Para la centroizquierda en Chile y la región, la lección es clara: la centralidad de los liderazgos nacionales no garantiza control sobre las fuerzas territoriales. Es clave construir puentes con dirigentes locales y con las organizaciones sindicales para no dejar la agenda laboral y social a iniciativas que la reduzcan.
Actores y posiciones Cristina Fernández de Kirchner: vicepresidenta de Argentina y líder del kirchnerismo. Su espacio denuncia la ruptura interna. Javier Milei: presidente de Argentina y referente de La Libertad Avanza, promotor de la reforma. Gobernadores provinciales citados: Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo, Gustavo Sáenz, Hugo Passalacqua y Martín Llaryora, señalados por facilitar el quórum. Julia Strada y Lucía Cámpora: referentes del kirchnerismo que denunciaron públicamente la maniobra.
En ese marco, la pelea no es sólo simbólica. Reabre discusiones sobre control partidario, vínculos con los sindicatos y estrategias de la oposición en la región. Para los votantes, lo que viene es una disputa sobre derechos laborales y sobre quién decide la letra fina de las políticas que afectan a empleos y pensiones.