En Punta Arenas la iniciativa Ruta Cero comenzó a operar esta semana: HIF Global, empresa que desarrolla combustibles sintéticos, lanzó el piloto en alianza con Toyota Chile y la empresa de arriendo de vehículos MITTA, con la colaboración de Transpetrol. La prueba reúne autos híbridos autorrecargables y combustible producido localmente en la planta Haru Oni, ubicada a 40 kilómetros de la ciudad.
La planta Haru Oni utiliza energía eólica, hidrógeno verde y captura de CO2 para fabricar lo que se conoce como e-combustibles, o combustibles sintéticos. El hidrógeno verde es hidrógeno producido mediante electrólisis con electricidad renovable, y la captura de CO2 se refiere a técnicas para extraer dióxido de carbono de la atmósfera o de corrientes puntuales; juntos permiten crear un líquido que, en uso, se parece mucho a la gasolina convencional. Haru Oni, cuyo nombre en las lenguas Selk’nam y Tehuelche significa "tierra del viento", opera como una pequeña planta demostradora hoy, no como una refinería a escala industrial.
Para los conductores esto quiere decir algo simple: el combustible se pone en el estanque igual que la gasolina tradicional, sin modificar motores ni instalar estaciones de carga. Es, en palabras prácticas, como encontrar una gasolina distinta que funciona con tu auto actual, mientras la electromovilidad exige cambiar hábitos y montos de inversión en infraestructura, como si pasaras de llenar el estanque a enchufar la casa.
Juan Eduardo Gallardo, gerente de HIF Magallanes, dijo que el valor del piloto es su carácter complementario. "Cualquier vehículo puede utilizar nuestro e-combustible sin modificaciones. Esto permite avanzar en descarbonización sin excluir tecnologías ni usuarios", afirmó. Ignacio Funés, director ejecutivo de Toyota Chile, enmarcó la iniciativa en la estrategia multivía de la compañía para llegar a carbono neutralidad al 2050 y agregó que no se trata de elegir una sola tecnología, sino de reducir emisiones según contexto.
El proyecto estima una reducción de hasta 40% de las emisiones respecto de combustibles convencionales, considerando todo el ciclo de producción. El piloto planea recorrer más de 30.000 kilómetros en la Patagonia con vehículos híbridos autorrecargables provistos por MITTA, lo que permitirá medir desempeño, logística y aceptación en terreno.
En términos prácticos para la logística regional, la iniciativa apunta a una solución para zonas donde la electrificación total enfrenta barreras técnicas o económicas, como rutas aisladas y flotas de trabajo. La ventaja es que no obliga a cambiar la infraestructura de distribución ni a retirar vehículos existentes, lo que facilita una adopción gradual.
Quedan preguntas abiertas: el proyecto es un piloto operativo, no una oferta comercial masiva. Su escalamiento dependerá de la competitividad de precios frente a combustibles fósiles, de la capacidad de ampliar la producción de Haru Oni y de señales regulatorias en Chile sobre contenido de carbono y subsidios o impuestos. Si se logra reducir costos y asegurar suministro, Magallanes podría transformarse en un centro de producción de combustibles bajos en carbono con potencial de exportación; por ahora, la ruta debe demostrar resultados, costos y trazabilidad para pasar a la etapa industrial.
Los próximos pasos anunciados son el monitoreo de los recorridos y la publicación de datos de emisiones y rendimiento. No hay aún una fecha pública para una venta a gran escala del combustible producidos en Haru Oni, por lo que la iniciativa todavía debe atravesar pruebas técnicas, financieras y regulatorias antes de convertirse en una alternativa corriente para los chilenos.
