El presidente ruso Vladímir Putin afirmó hoy en declaraciones a la televisión estatal que Moscú evaluará la posibilidad de suspender los suministros de gas a los países europeos antes de que la Unión Europea aplique su nueva normativa.
Putin hizo la declaración en una entrevista con el presentador Pável Zarúbin de la cadena estatal, y se preguntó si no sería «más ventajoso para nosotros suspender los suministros al mercado europeo ahora mismo e irnos a los mercados que se están abriendo para afianzarnos allí». A la vez precisó que no se ha tomado una decisión y que el asunto será estudiado por el Gobierno ruso y por las empresas especializadas.
La medida que menciona Moscú llega en un contexto legal comunitario: el Consejo de la Unión Europea aprobó en enero un reglamento que fija el calendario para eliminar las compras de gas ruso. El texto veta la compra de gas natural licuado (GNL) ruso al inicio de 2027, establece una reducción progresiva del gas por gasoducto hasta su eliminación en el otoño de 2027, y prohíbe la firma de nuevos contratos de GNL seis semanas después de la publicación de la norma en el Diario Oficial de la UE. El reglamento también contempla sanciones para incumplidores, que van desde 2,5 millones de euros para personas físicas hasta al menos 40 millones de euros para empresas, o porcentajes del volumen de negocio según la gravedad.
Bruselas y los Veintisiete han reducido drásticamente su dependencia de los hidrocarburos rusos desde el inicio de la invasión a Ucrania, según datos de la Comisión Europea. Las compras de petróleo bajaron del 26% al 2% del consumo de la Unión Europea, y las de carbón pasaron del 51% a cero. El gas es la excepción: en 2025 la UE siguió comprando gas ruso por un valor superior a 15.000 millones de euros, que representó alrededor del 13% de las importaciones de gas del bloque, fundamentalmente en forma de GNL transportado por barco.
Desde la óptica de Moscú, adelantar un cese de suministros sería una decisión estratégica para reasignar volúmenes hacia «mercados que se están abriendo», una referencia implícita a compradores fuera de Europa. Para la Unión Europea, reducir y eventualmente cortar esas compras forma parte de una estrategia de seguridad energética que busca desmontar palancas de influencia rusa. Por ahora, las autoridades europeas no han anunciado una respuesta específica a la hipótesis de un corte voluntario ruso antes de la entrada en vigor de la prohibición.
¿Cuál es la relevancia para Chile y América Latina? Aunque Chile no depende directamente del gas ruso, cualquier tensión que reduzca la oferta global de GNL puede presionar al alza los precios internacionales del gas. Chile importa GNL para generación eléctrica y usos industriales, por lo que un aumento sostenido de los precios internacionales encarecería la factura energética y podría presionar los costos de generación en el corto plazo. Además, un movimiento de Rusia hacia mercados asiáticos reforzaría la competencia por cargamentos de GNL, con efectos sobre precios y liquidez en mercados spot que impactan a compradores latinoamericanos.
En clave geopolítica, la amenaza de cortar suministros antes de 2027 subraya la dinámica de multipolaridad en la que la energía es herramienta de influencia. Para Chile, esto refuerza la importancia de acelerar la diversificación energética y las medidas de eficiencia, y de monitorear las condiciones del mercado global de GNL que afectan la matriz de costos nacional.
Los próximos pasos a vigilar son las decisiones formales del Gobierno ruso y de las grandes empresas energéticas, la respuesta normativa y diplomática de la Unión Europea, y la evolución de los precios y los flujos de GNL en los mercados internacionales. Ese conjunto de variables determinará si la declaración de hoy queda como una presión negociadora o se materializa en una alteración durable del comercio energético mundial.
