La designación de Ximena Fabiola Lincolao Pilquián como ministra de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación en el gabinete del presidente José Antonio Kast representa, además, un hito simbólico: será la primera mujer mapuche en un cargo ministerial. Lincolao, de 58 años, conversa por Zoom desde Washington DC, donde hasta ahora dirigía proyectos en el área tecnológica, y prepara su regreso a Chile para jurar y poner en marcha su agenda.
Nacida en una familia mapuche proveniente de la Araucanía, Lincolao recuerda una infancia marcada por el esfuerzo de sus padres. Su padre trabajó como vendedor en ferreterías y su madre se encargó del hogar; ambos enfatizaron la educación como camino de progreso. A los 18 años se trasladó desde Maipú a la Cuarta Región para estudiar Licenciatura en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, y más tarde tomó la decisión de probar suerte en Estados Unidos con apenas US$ 500 en el bolsillo.
Esa etapa en el extranjero definió su carrera profesional. Tras casi tres décadas en Estados Unidos, Lincolao se convirtió en empresaria en el área tecnológica y, en 2021, cofundó BuildWithin, una empresa de software nativo en inteligencia artificial. Desde ahí, dice que acumuló experiencia en gestión, desarrollo de productos y redes internacionales que busca ahora aplicar en Chile. “Toda la carrera que hice en Estados Unidos me preparó para esto”, dijo en la entrevista.
En su relato aparecen constantes referencias a la movilidad social y a la educación pública, que ella considera suficiente para avanzar. Su trayectoria combina formación humanística, emprendimiento tecnológico y trabajo en ecosistemas de innovación extranjeros, una mezcla que según Lincolao es útil para “potenciar el país con el uso de la tecnología y convertirlo en un player global”, como ella misma define su misión.
El nombramiento ocurre en el contexto del gobierno de José Antonio Kast. Para muchos observadores, su llegada abre preguntas sobre cómo se articularán las políticas de ciencia y tecnología con objetivos económicos y sociales más amplios, y cómo se incorporará la dimensión territorial e intercultural en esas políticas. Lincolao, hija de una familia mapuche de la Araucanía, podrá aportar una voz con experiencia internacional y una perspectiva personal sobre representación y diversidad.
Aun cuando su enfoque público hasta ahora ha sido promover la adopción tecnológica y la innovación empresarial, falta por conocer los detalles de su programa ministerial: el equipo que conformará, las prioridades concretas en investigación y desarrollo, y cómo articulará incentivos para que la ciencia beneficie a regiones fuera del Gran Santiago. Esos anuncios se esperan en las semanas siguientes al juramento.
La llegada de Lincolao también plantea desafíos prácticos. Deberá trasladar redes y proyectos desde Estados Unidos a Chile, dialogar con universidades, centros de investigación y el sector privado, y explicar a la ciudadanía cómo la ciencia y la tecnología pueden traducirse en empleos y mejoras en servicios. Su nombramiento será, en lo simbólico, un avance en representación indígena en la alta función pública; en lo práctico, su efectividad se medirá en políticas concretas y resultados verificables.
Mientras prepara las maletas en Washington, Lincolao insiste en que parte de su impulso proviene de sus raíces y de la experiencia acumulada fuera del país. Su llegada al Ministerio de Ciencias será observada por comunidades académicas, empresas tecnológicas y organizaciones indígenas, que vigilarán tanto la composición de su equipo como las medidas que proponga para acercar la ciencia a la ciudadanía y posicionar a Chile en el mapa internacional de innovación.
Fuentes citadas: declaraciones de Ximena Lincolao desde Washington DC, la Universidad de La Serena (institución donde cursó su licenciatura) y la empresa BuildWithin, cofundada por Lincolao en 2021.
