Fray Paolo Benanti, sacerdote franciscano y asesor en ética de la inteligencia artificial (IA) del Vaticano, llegó a Chile con un mensaje directo: el poder en el mundo actual no se mide en votos ni en armas, sino en líneas de código. La ocasión fue el lanzamiento de Nodo IA, una iniciativa de la Pontificia Universidad Católica (UC) que busca articular investigación y capacidades locales para guiar el desarrollo de la IA "con la persona humana al centro".
Benanti no es un académico cualquiera. Colaboró en la redacción de la encíclica Magnifica humanitas, el documento con el que el Papa León XIV abordó la relación entre la fe y la inteligencia artificial, y es uno de los referentes más escuchados en el debate ético sobre tecnología dentro de la Iglesia Católica.
En su charla, el franciscano usó un dato para ilustrar el problema central: solo en 2026, cuatro de las mayores compañías tecnológicas del mundo invertirán US$650 mil millones en IA. Para dar escala, esa cifra equivale a casi el doble del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile. Esa masa de capital, dijo Benanti, define quién tiene poder real sobre la tecnología y quién queda fuera del juego.
Eso es lo que él llama "la muerte del mito del garage", la narrativa de que cualquier emprendimiento pequeño puede convertirse en la próxima Apple o Google. "¿Quién más puede firmar un cheque de US$100 mil millones para entrar en este juego?", preguntó.
Para explicar el problema de fondo, Benanti describió la IA como un "stack", es decir, un conjunto de tecnologías apiladas en seis capas: desde el hardware (los chips físicos) y la energía eléctrica, hasta las aplicaciones que usa el consumidor final. Cuando un solo actor controla toda esa cadena, advirtió, la concentración "se vuelve problemática". Y hay un costo ambiental que se suma: los centros de datos que entrenan estos modelos consumen volúmenes masivos de agua para refrigerar sus servidores.
El franciscano también trazó una distinción clave entre dos conceptos que solemos confundir. "La innovación es la capacidad de hacer algo más rápido. Una bomba nuclear es una gran innovación", dijo, pero el desarrollo es algo distinto: el uso de esa innovación para mejorar la vida de las personas dentro de una cultura específica. Transformar la innovación en desarrollo local, agregó, "es una misión que nadie más puede cumplir" que los propios habitantes del territorio.
Consultado sobre cómo debería Chile regular la IA, en un momento en que el Congreso debate un proyecto de ley sobre la materia, Benanti fue claro: copiar una regulación extranjera no sirve. "Se necesita una regulación chilena para el uso chileno de la IA", dijo, porque la singularidad del territorio exige una respuesta propia. La UC da un primer paso en esa dirección con Nodo IA, la iniciativa que convocó al franciscano a Santiago.
