En Guadalajara, México, durante el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), Chile fue el país invitado de honor y el cine chileno volvió a ocupar un lugar destacado en el circuito regional. El director Pablo Larraín ofreció una conferencia magistral sobre la internacionalización del cine chileno, en una jornada que compartió con su hermano, Juan de Dios Larraín, productor y cofundador de la productora Fábula desde 2004.

Junto a su hermano, los impulsores de la casa productora destacaron que el éxito se explica al respetar la voz de cada director, sin imponer un punto de vista editorial. “Siempre hemos pensado que la clave está en apoyar a ese director o a esa directora”, afirmó, subrayando que la búsqueda no es homogenizar ideas sino construir un puente entre voces diversas.

La charla también abrió la puerta a la colaboración con Maité Alberdi, documentalista chilena nominada a los premios Oscar en dos ocasiones, a quien Larraín describió como alguien con una mirada indeleble, indisciplinada e impertinente, rasgos que, según él, no son reemplazables para el cine regional.

Entre ejemplos de esa filosofía, el cineasta mencionó su trilogía biográfica de mujeres, que incluye Jackie, Spencer y María, y resaltó que, como productor, ha aprendido a entender el oficio del cine como una práctica universal, independiente del presupuesto disponible.

La conversación se sitúa en un momento de creciente interés por coproducciones y mercados regionales en Latinoamérica, en un marco de multipolaridad en la industria que empuja a Chile a buscar alianzas y proyectos conjuntos con otros países de la región. Esto no solo fortalece la presencia chilena en festivales internacionales, sino que también abre puertas para nuevas voces locales que quieran proyectar sus historias más allá de nuestras fronteras.

Para Chile, estas dinámicas significan mayor visibilidad de nuestras historias, oportunidades de coproducción con socios latinoamericanos y un ecosistema audiovisual más competitivo y conectado con el resto de la región. En un cine que ya no depende de grandes presupuestos locales, la voz chilena pretende dialogar desde el Pacífico hacia el mundo, con miras a una industria más robusta y diversa.