La teleserie vertical Mi marido me robó la memoria debutó a fines de enero en Televisión Nacional de Chile y ya acumula 26,6 millones de visualizaciones, un alcance que su protagonista, el actor chileno Eyal Meyer, reconoce haber recibido con sorpresa.

Meyer explicó que parte del fenómeno responde al consumo: el formato está pensado para el teléfono, “donde ves un capítulo y otro mientras scrolleas”, y episodios de corta duración que buscan la eficiencia del tiempo. Esa economía narrativa obliga a otra manera de contar, más inmediata y con momentos de impacto constantes, según el propio actor.

Para Meyer, la propuesta combina una ambición técnica y una escritura pensada para mantener al espectador pegado a la pantalla. “La historia está diseñada con excelentes guiones, pensados en generar momentos de impacto a cada instante, lo cual te deja súper metido como espectador”, dijo, y destacó que la producción está hecha con calidad de cine y un equipo de primer nivel ajustado al formato vertical.

El formato vertical plantea también desafíos actorales. Meyer, que en su trayectoria ha participado en más de quince producciones grabadas en formato horizontal tradicional, dijo que la composición de los planos cambia: “había que estar más apretados como actores, a diferencia del plano horizontal, donde tienes más espacio para componer”. Esa cercanía redefine la relación entre intérprete y cámara, y exige otro tipo de trabajo corporal y de matices.

En la teleserie Meyer interpreta al doctor Gabriel, un personaje que se presenta como apoyo a la protagonista Valeria en medio de su pérdida de memoria, pero que con el avance de la historia gana complejidad. “Ese desafío de personaje me gusta, porque nos obliga a mostrarlo de una forma y luego los hechos van revelando otras aristas y matices de su personalidad”, explicó.

El actor contó que la invitación al proyecto fue inmediata para él: le atrajo el formato, el guion y el equipo, y aceptó sin dudar. También dijo estar dispuesto a distintos desplazamientos interpretativos dentro de la historia, mencionando la posibilidad de interpretar tanto a Gabriel como a Martín, según lo que la producción estimara; la cita original con esa idea quedó publicada de forma incompleta.

Este éxito llega en un momento en que las emisoras y plataformas experimentan con narrativas móviles y formatos cortos. Para la televisión chilena, la sintonía de esta teleserie vertical —la segunda apuesta de TVN en ese formato— plantea una interrogante sobre cómo adaptar la industria a audiencias que priorizan el consumo en dispositivos y contenidos inmediatos. Si la cifra se sostiene, es probable que la experiencia empuje a más producciones hacia ese lenguaje y a un mayor diálogo entre la tradición de la telenovela chilena y las nuevas formas de ver televisión.