La cantaora y compositora española María Peláe se presentó la noche del 24 de febrero en la Competencia Folclórica del Festival de Viña del Mar, representando por primera vez a España con la canción Que vengan a por mí y quedando segunda en la clasificación.
La canción, según explicó Peláe en una entrevista con la agencia EFE, busca «darle la vuelta a la vergüenza» frente a quienes señalan y persiguen a las minorías. «Se apunta la primera, no sé si por mujer, por andaluza o por lesbiana», dijo la artista, y situó la pieza como un pulso contra la exclusión y la generalización de la culpa en sociedades que estigmatizan lo diferente.
Peláe definió su propuesta como una mezcla entre la canción de autor, de donde viene, y el flamenco. La artista aseguró que quería aprovechar el altavoz del festival para «decir algo» y «remover un poco las cabezas». También contó que los nervios se hicieron presentes: «después de cerca de 20 años me he subido a muchos escenarios, pero anoche las rodillas sí que me hicieron un poco de... bulerías», relató.
España participa por primera vez en la Competencia Folclórica, y esa novedad fue puesta como eje por la cantante: traer el flamenco a una tarima que históricamente ha sido escaparate de músicas latinoamericanas pone en tensión tradiciones y contemporaneidad. Peláe recibió una calificación alta del jurado profesional, mientras que los votos del público fueron algo menores, algo que ella atribuyó a la diferencia horaria con España y a la imposibilidad de que parte de su audiencia viera la actuación en directo.
La artista bromeó con esa explicación, pidiendo en redes sociales que quienes se levantan muy temprano en España, como las pescaeras o los panaderos, aprovecharan para votar. Su segunda actuación está programada para este martes, y Peláe encara esa nueva salida con la posibilidad de pelear por las fases finales de la competencia y cerrar con broche la primera participación española en esta categoría.
En el marco más amplio del festival, la presencia de María Peláe vuelve a poner en evidencia la capacidad de Viña del Mar como plataforma regional: no solo como escaparate de grandes nombres internacionales, sino como foro donde se cruzan debates sobre identidad, género y memoria cultural, temas que resuenan tanto en España como en países de América Latina. Queda por ver si su mensaje y su mezcla estilística consiguen traducirse en votos y en un lugar en las definiciones del certamen.