A cuatro días del cambio de mando, las negociaciones en el Senado quedaron estancadas luego de que la derecha propusiera quedarse con la presidencia por tres años y entregar solo un año al actual oficialismo. La oferta, conocida como 3x1, desató el rechazo del Partido Socialista y del Partido por la Democracia.

El hecho ocurrió en el contexto del reparto de la mesa y las comisiones que se definirá formalmente el miércoles 11 de marzo, antes del traspaso de mando. La carta con más posibilidades para asumir la testera es Paulina Núñez, senadora de Renovación Nacional, elegida por su bancada como opción principal; la votación de la sala definirá el resultado.

La propuesta de la derecha busca asegurar el control de la mesa durante el inicio del gobierno de José Antonio Kast, presidente electo de Chile, periodo que la coalición considera clave para su instalación legislativa. Según los negociadores de la derecha, contaban en teoría con 27 de 50 senadores, un conteo que incluye a militantes de Renovación Nacional, Unión Demócrata Independiente, Partido Republicano, Evópoli, y varios independientes. Ese cálculo, sin embargo, está en discusión.

El antecedente inmediato es el escenario de virtual empate que ya vivió la Cámara Alta en 2022. Entonces, como ahora, las mayorías estrechas obligan a acuerdos amplios para la distribución de cargos. La diferencia ahora es que los sectores pro-Kast intentan consolidar una mayoría operativa con independientes para presionar a la centroizquierda y la izquierda.

Quien gana con la 3x1 es la derecha en su capacidad de marcar la agenda legislativa en el primer año del gobierno; quien pierde es el actual oficialismo compuesto por el Partido Socialista, el Partido por la Democracia, la Democracia Cristiana, el Frente Amplio, el Partido Comunista y la Federación Regionalista Verde Social, que vería limitada su presencia en la testera a un solo año.

Para el ciudadano común esto importa porque la presidencia del Senado y el control de las comisiones influyen en qué proyectos avanzan y con qué prioridad. Un control temprano de la mesa facilita al Ejecutivo impulsar iniciativas clave y coordinar la tramitación, lo que puede traducirse en cambios legislativos rápidos en materias como seguridad, economía y presupuesto.

En la práctica, la discusión seguirá en pasillos y reuniones entre bancadas. Manuel José Ossandón, senador de Renovación Nacional que aspiraba a continuar en la presidencia, cedió distancia a la propuesta interna, dejando a Núñez como la carta predominante. El oficialismo, por su parte, ya anunció su rechazo público a la fórmula 3x1 y exigirá un reparto más equilibrado.

El próximo paso es la votación en la misma sala del Senado el 11 de marzo. Si la derecha logra consolidar apoyos entre independientes, podría imponer su fórmula; si no, el resultado podría obligar a renegociaciones más heterogéneas. En ese escenario, la historia reciente muestra que acuerdos transversales serán indispensables para evitar parálisis en la agenda legislativa.

La negociación por la mesa no es solo una disputa de cargos. Es la primera pulseada política entre el nuevo Ejecutivo y el bloque que buscará contener o facilitar su programa. De eso dependerá, en buena medida, la capacidad de avance legislativo en los primeros meses del gobierno.