Para el ministro de Hacienda, el martes era un día de esperar y presionar. Jorge Quiroz se instaló en el cuarto piso del Senado, en la oficina reservada para secretarios de Estado, para sostener varias reuniones. Su objetivo era concreto: conseguir que los senadores votaran esa semana la idea de legislar sobre el megaproyecto de reconstrucción y reactivación económica.

El plan se complicó antes de que la sesión comenzara. Paulina Núñez, presidenta del Senado y senadora de Renovación Nacional (RN) por Antofagasta, propuso aplazar la votación en general. "Si construir un acuerdo y lograr una mayoría significa tomarnos unos días más, estoy disponible para dar ese espacio", señaló la legisladora. El gobierno lo tomó como una señal de alarma.

Quiroz respondió sin rodeos. "No hay necesidad de extender el plazo", dijo el ministro. Cualquier demora desajustaba el cronograma que el Ejecutivo ha sostenido desde que ingresó la iniciativa: que el Congreso la despache a más tardar a comienzos de agosto.

El diagnóstico de Núñez era preciso. El gobierno contaba con un piso de votos estrecho, frágil ante cualquier imprevisto, y el senador independiente Alejandro Kusanovic no había comprometido claramente su apoyo. La presidenta del Senado apostaba por que los ministros revisaran con seriedad las propuestas que el Partido Socialista (PS), la Democracia Cristiana (DC) y el Frente Amplio habían enviado, para sumar algún respaldo adicional.

El martes en la tarde, la propia Núñez confirmó el cronograma: la votación sería el miércoles, condicionada a contar con votos suficientes para aprobar. La posición de Kusanovic, que hasta ese momento no se había pronunciado con claridad, seguirá siendo la incógnita del debate.