Este miércoles, Paul Chan, secretario de Finanzas de Hong Kong, presentó el presupuesto anual y anunció una batería de medidas para consolidar a la ciudad como el principal centro del renminbi fuera de la China continental. El objetivo declarado es atraer colocadores de referencia y emisores de élite para dinamizar la deuda en yuanes y reducir la dependencia global del dólar estadounidense.

Renminbi, abreviado RMB, es la moneda oficial de China y cuyo unidad principal se llama yuan. Chan dijo que creará un grupo de trabajo para incentivar que empresas de la China continental usen Hong Kong como base operativa en su expansión internacional, y lanzó campañas promocionales para posicionar la plaza como nodo preferente para inversiones transfronterizas.

La iniciativa se inscribe en el nuevo Plan Quinquenal 2026-2030 de Pekín, la hoja de ruta económica quinquenal del gobierno chino. Ese plan sitúa la internacionalización del renminbi como prioridad estratégica para disminuir la dependencia del dólar, en un giro geopolítico de más largo aliento que busca ampliar el papel de China en los mercados financieros globales.

Entre las medidas concretas, el Ejecutivo hongkonés anunció la optimización de operaciones entre el yuan y otras divisas asiáticas para reducir costos transaccionales y duplicó el cupo crediticio bajo el esquema de Operaciones en Renminbi, en lo que describieron como una inyección de liquidez para incentivar el uso comercial de la moneda. El gobierno no precisó los montos previos ni el nuevo total del cupo al anunciar la medida.

También destacó el impulso a los bonos 'dim sum', que son instrumentos de deuda denominados en yuanes pero emitidos fuera de la China continental. Las emisiones dim sum alcanzaron máximos históricos en 2025, según el Ejecutivo, impulsadas por emisores soberanos y corporativos extranjeros que buscan alternativas a los altos tipos ligados al dólar.

En la práctica, Hong Kong apuesta a tres ventajas: el marco jurídico de estilo anglosajón, infraestructura bancaria desarrollada y mano de obra financiera cualificada. Estas condiciones facilitan ofrecer un mercado “offshore”, es decir, transacciones en yuan fuera del sistema legal y cambiario de la China continental, con mayor flexibilidad para inversores internacionales.

¿Qué implica esto para Chile y sus exportadores? China es el principal socio comercial de Chile, y cualquier incentivo para liquidar operaciones en yuanes puede, en el tiempo, modificar la demanda de divisas y las necesidades de cobertura cambiaria. Hoy día, la mayoría de las commodities, incluido el cobre, se cotizan y liquidan en dólares a nivel internacional, por ejemplo en la Bolsa de Metales de Londres, por lo que una transición hacia facturación en yuanes sería gradual y dependería de acuerdos comerciales y de la aceptación de los centros financieros.

En términos prácticos para empresas y bancos chilenos, un mayor uso del yuan offshore puede significar nuevas opciones de financiamiento y de coberturas, pero también más complejidad operativa y riesgos de tipo de cambio si no se adapta la gestión financiera. Instituciones como el Banco Central de Chile y la Comisión para el Mercado Financiero podrían monitorear estos flujos, pero por ahora no hay señales de cambios regulatorios inmediatos en Chile vinculados a esta iniciativa.

La ofensiva de Hong Kong refleja además un pulso geopolítico mayor entre Beijing y Washington por el papel de las monedas en el comercio y la deuda internacional. La velocidad y el alcance del proceso dependerán de factores prácticos, como la liquidez real en mercados offshore, la voluntad de grandes emisores internacionales de asumir yuanes y la evolución de la confianza en el dólar en distintos escenarios geopolíticos.

A corto plazo, los cambios anunciados en Hong Kong fortalecerán la plaza como alternativa para emisiones en yuanes y reducirán algunos costos transaccionales en Asia. A mediano plazo, el efecto sobre Chile pasará por acuerdos comerciales y decisiones de grandes compradores chinos; por ahora la transición a un rol mayor del yuan es una estrategia con fuerte apoyo político, pero con resultados que se verán con el tiempo.