La Empresa Nacional de Minería (Enami) informó este lunes nuevos resultados de la campaña 2025 en los denominados Salares Altoandinos, basados en un estudio de la consultora Montgomery & Associates. La estatal presentó datos de exploración y permisos que impulsan el proyecto, catalogado como greenfield, es decir sin operaciones previas en la zona.
Enami detalló que, combinados, los salares La Isla y Aguilar registran 4,16 millones de toneladas de litio. Esa cifra representa 25% del total de recursos de litio publicados en Chile en 2025, que se estimaban en 11 millones de toneladas. En el caso concreto del Salar La Isla, Enami señaló un aumento de 74% respecto de la estimación del año anterior, con 3,7 millones de toneladas de litio y 19,8 millones de toneladas de LCE, donde LCE significa carbonato de litio equivalente, la medida que permite comparar distintos productos y concentraciones.
Los informes también entregan indicadores de concentración promedio: 914 ppm de litio en La Isla, es decir 914 partes por millón, equivalente a alrededor de 0,09% de litio en la salmuera. Esa combinación de volumen y concentración es la que permite a Enami catalogar a Salares Altoandinos como “un proyecto a escala mundial”, en palabras de Iván Mlynarz, vicepresidente ejecutivo de Enami, quien afirmó "estamos muy orgullosos con estos resultados".
En términos administrativos, a comienzos de febrero la Contraloría General de la República tomó razón del Contrato Especial de Operaciones de Litio, CEOL, que habilita a Enali, la filial de Enami, para explorar y explotar litio en Aguilar, Grande y La Isla. CEOL significa Contrato Especial de Operaciones de Litio. Además, Enami obtuvo una autorización de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CChEN, para una cuota de extracción, la mayor entregada fuera del Salar de Atacama, y una concesión de uso oneroso del suelo por parte del Ministerio de Bienes Nacionales.
¿Qué implica esto para la industria y para Chile? Primero, concentra en un solo proyecto una porción relevante de recursos nacionales, lo que puede atraer inversión y acelerar decisiones de desarrollo. Segundo, al tratarse de un proyecto greenfield, aún quedan etapas clave por delante: estudios de impacto ambiental, trámites regulatorios y decisiones de inversión privada o estatal. Tercero, las autorizaciones ya obtenidas facilitan la fase de exploración y la futura explotación, pero no garantizan plazos de producción comercial.
Desde la perspectiva local y política, estos hallazgos intensifican el debate sobre el manejo del agua, la participación de comunidades afectadas y la orientación de la política minera en Chile, donde el litio es un recurso estratégico. Enami apunta a avanzar conforme a la Estrategia Nacional del Litio, pero la puesta en marcha del proyecto implicará negociaciones con actores regionales, revisión de estudios ambientales y definiciones sobre participación y beneficios.
En resumen, los nuevos datos colocan a Salares Altoandinos como uno de los depósitos más relevantes del país y cambian la geografía del litio chileno. Los próximos pasos serán completar los estudios ambientales, clarificar cronogramas de inversión y negociar condiciones con comunidades y autoridades, antes de que ese potencial se traduzca en extracción comercial.