En la Región de Coquimbo, la instrumentista quirúrgica y micropigmentadora oncológica Karen Ley organiza desde hace dos años jornadas gratuitas para reconstruir areolas y rasgos faciales dañados por quimioterapia, radioterapia o cirugías oncológicas, concentrando buena parte de sus actividades durante el mes de octubre.

La micropigmentación reconstructiva es una técnica de tatuaje médico que recrea el color y la forma del complejo areolar, o corrige rasgos faciales perdidos por el tratamiento oncológico. Además de la intervención física, profesionales y estudios señalan que este tipo de intervenciones contribuye a la autoestima y a la reinserción social de las personas que vivieron un cáncer. Estudios publicados en revistas de cirugía plástica, como Plastic and Reconstructive Surgery, han documentado mejoras en la percepción corporal y satisfacción tras la reconstrucción del complejo areolar.

Para Karen Ley, el acceso a la micropigmentación no debe reducirse a un beneficio estético, sino que forma parte del proceso de sanación integral. "Este servicio no es un lujo, este servicio es parte de un proceso de sanación integral", dice la profesional. Su trabajo voluntario, sostenido y sin fines de lucro ha permitido atender a cientos de pacientes provenientes de distintas comunas.

La iniciativa comenzó cuando Ley llegó a la zona y se presentó en un evento oncológico en El Faro, donde contactó al grupo Guerreras Hermosas, una organización de apoyo a personas con cáncer. A partir de ese primer acercamiento, la profesional articuló redes con organizaciones y gestionó espacios para ofrecer el tratamiento sin costo.

Karen también pone el ejemplo de España, donde afirma que la micropigmentación reconstructiva suele integrarse con equipos médicos y, en algunos hospitales, forma parte del proceso de reconstrucción tras una mastectomía. En Chile, el acceso a este servicio es variable según la cobertura y la red asistencial, y el Ministerio de Salud (MINSAL) insiste en la importancia del apoyo psicosocial y la rehabilitación en la atención oncológica, aunque la incorporación de micropigmentación en hospitales públicos no está estandarizada.

Quienes participan reciben asesoría previa sobre expectativas y colorimetría, y el procedimiento se adapta a cada persona. Karen subraya que muchos pacientes desconocen las tecnologías y alcances de la micropigmentación médica, lo que explica la importancia de jornadas informativas además del tratamiento.

El impacto, según pacientes y la propia organizadora, supera lo estético: influye en la identidad, el equilibrio emocional y la confianza para volver a la vida social y laboral. Expertos en salud mental y rehabilitación oncológica recomiendan que la recuperación incluya intervenciones que aborden la imagen corporal, lo que refuerza la pertinencia de iniciativas como esta.

La iniciativa de Karen Ley sigue abierta a quienes necesiten la intervención y a la colaboración de organizaciones locales. Los próximos pasos, dicen los organizadores, son formalizar redes con centros de salud y explorar vías para que la micropigmentación reconstructiva tenga mayor disponibilidad dentro de la oferta pública y privada de atención a personas con cáncer.