En la pequeña isla de Kasasa, en el mar interior de Japón, apenas viven siete residentes registrados y la vida transcurre entre pesca y soledad. La aparición reciente de promotores vinculados a capitales chinos que compraron y comenzaron a desarrollar dos parcelas encendió la alarma entre vecinos y autoridades locales, y lanzó un debate nacional sobre seguridad y soberanía temprana esta semana.
Kasasa, conocida localmente como la "Hawái" del mar interior japonés por su clima templado y sus playas, está situada en un punto sensible desde el punto de vista militar. A unos 20 kilómetros se ubica la base aérea Iwakuni del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, y a unos 50 kilómetros al norte está la base de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón en la ciudad de Kure. Ese contexto geográfico es la razón por la que lo que en apariencia es una operación inmobiliaria privada tomó carácter estratégico.
Los habitantes, entre ellos Hideya Yagi, de 80 años, y su esposa Mihoko Yagi, dijeron que llegaron atraídos por la pesca y la tranquilidad. "Puedes comer lo que pescas", resume Hideya sobre su vida en la isla. Pero los temores respecto a posible uso de infraestructuras para vigilancia —expresados en algunos reportes y por un concejal local cuyo nombre no fue citado— alimentaron rumores de que Kasasa "podría convertirse en una isla china".
Las compras fueron legales y autorizadas por los reguladores japoneses, según la emisora pública NHK, pero no por ello faltaron críticas. NHK señaló que, en los 12 meses hasta marzo del año pasado, inversores chinos estuvieron detrás de casi la mitad de cientos de adquisiciones de terrenos y propiedades próximos a ubicaciones consideradas importantes para la seguridad nacional. Esa cifra, difundida por la emisora, ha quedado como dato clave en el debate público.
Frente a la inquietud, la primera ministra Sanae Takaichi, líder conservadora del gobierno japonés, anunció que impulsará normas más estrictas para la venta de tierras y activos en zonas sensibles. Takaichi, cuyo nombre completo es Sanae Takaichi, ha aprovechado la preocupación ciudadana por la seguridad y la inmigración para presentar la iniciativa como una cuestión de soberanía y protección frente a intereses extranjeros.
Desde la oposición y juristas, sin embargo, advierten que las leyes vigentes ya aplican por igual a compradores nacionales y extranjeros y que cualquier endurecimiento regulatorio debe conciliar seguridad con principios legales y de mercado. En paralelo, expertos en Asia-Pacífico ven la reacción japonesa como parte de una tendencia regional: gobiernos más celosos ante inversiones extranjeras en infraestructura crítica, datos y bienes raíces cerca de instalaciones militares.
Para Chile y América Latina, el caso tiene lecturas prácticas. La discusión japonesa resuena con tensiones recientes entre Chile y Estados Unidos por restricciones de visa vinculadas a gestiones sobre un cable submarino con China, y con temas globales como la competencia tecnológica que ha llevado a acusaciones contra laboratorios chinos en el ámbito de la inteligencia artificial. Es decir, la llegada de capitales chinos se está evaluando hoy no solo por su impacto económico, sino por riesgos potenciales a la seguridad y a la resiliencia de infraestructuras críticas.
En el corto plazo, la iniciativa de Tokio probablemente restrinja ciertas compras y ralentizará inversiones en áreas marcadas como sensibles, lo que podría enfriar proyectos inmobiliarios y turísticos promovidos por extranjeros. En el mediano plazo, abrirá un ciclo de revisión legal y diplomática sobre cómo equilibrar la necesidad de capital extranjero con la protección de activos clave para la seguridad nacional, un dilema que ya enfrentan varios países de la región y que Chile deberá observar al definir sus propias reglas sobre infraestructura estratégica.
El caso de Kasasa, isla de apenas 700 metros cuadrados y con siete residentes registrados, se ha transformado en un símbolo de esa tensión: la delicada línea entre apertura económica y precaución estratégica en una multipolaridad creciente.
