El cierre fiscal 2025 mostró un déficit efectivo de 2,8% del PIB y un déficit estructural de 3,5% del PIB. El déficit efectivo es el faltante de caja del año, como cuando en tu presupuesto familiar gastas más de lo que ingresas. El déficit estructural ajusta ese número por el ciclo económico y precios del cobre, para medir la posición fiscal “de fondo”.

El Consejo Fiscal Autónomo, el CFA, ya había advertido sobre el deterioro fiscal. El CFA es un organismo independiente que revisa las cuentas públicas. Además, el presidente Kast pidió un informe único sobre el déficit y mencionó una cifra de 3,6% en discusiones públicas, lo que muestra discrepancias entre versiones. Dipres, la Dirección de Presupuestos, y el Ministerio de Hacienda son los responsables de las cifras oficiales y de las propuestas de corrección.

Más déficit significa más deuda y más costos por intereses, eso reduce el espacio para gasto social, inversión pública y para responder a emergencias como incendios. Para una familia sería como usar la tarjeta de crédito para todo: mantiene el consumo, pero cada mes pagas más intereses y puedes quedar sin margen para imprevistos.

Riesgos para la regla fiscal La regla fiscal es la norma que fija límites y una trayectoria de saldo estructural para evitar déficits recurrentes. Si la regla queda solo como "buenas intenciones", se pierde credibilidad financiera. Eso puede encarecer el financiamiento del Estado y limitar la capacidad del Banco Central y del mercado de confiar en las políticas públicas.

Opciones para 2026 Hay caminos distintos, cada uno con costos y beneficios: Repriorizar gasto y recortar partidas no prioritarias, para recuperar disciplina rápidamente, aunque puede afectar proyectos e inversiones. Aumentar ingresos, por ejemplo con modificaciones tributarias, lo que mejora sostenibilidad pero tiene un costo político y económico. Usar fondos de estabilización o reservas, una solución temporal similar a usar ahorros familiares, que no resuelve problemas estructurales. Mejorar eficiencia del gasto y focalizar transferencias, una opción menos dolorosa pero que toma más tiempo.

Perspectiva La decisión no es técnica solo, es política. Recuperar la credibilidad fiscal exige combinar medidas de corto plazo para contener el déficit, con reformas estructurales que eviten repetir el problema. Para el ciudadano común, la pregunta es clara: quieres más programas hoy a costa de mayores impuestos o deuda mañana, o prefieres ajustes ahora para mantener estabilidad en el mediano plazo. El próximo gobierno y el Congreso deberán mostrar prioridades concretas y cifras, no solo buenas intenciones.