Kast y el límite del buen administrador Esta semana, en el Salón Montt-Varas del Palacio de La Moneda, el presidente José Antonio Kast firmó el proyecto de ley del Plan de Reconstrucción Nacional. Detrás de él, un retrato al óleo, trajes oscuros, ministros en posturas solemnes.
Comunicaba seriedad, orden, autoridad. Todo lo que hizo tanta falta en el gobierno anterior.
Un gobierno que gobierna. Pero no se trata solo de estética.
A diferencia de su antecesor, este gobierno no enfrenta un problema de diagnóstico. Cuando Kast habla de los miles de chilenos que buscan trabajo sin encontrarlo, de familias en campamentos, del estancamiento en torno al 2% de crecimiento, la ciudadanía no lo discute: el 82% cree que la economía está estancada o retrocediendo, y el 40% identifica el crecimiento como prioridad.
Gobierno y ciudadanía están mirando el mismo problema. Ese punto de encuentro, que parece obvio, es políticamente decisivo.