Marcos Kulka, director ejecutivo y chileno de la Asociación Chilena del Hidrógeno, conocida como H2 Chile, confirmó a Pulso que en los últimos meses varias empresas socias han dejado el gremio y que la entidad debió reducir parte de su equipo. El movimiento se da en un contexto de menor dinamismo en proyectos de hidrógeno verde y señales mixtas desde los mercados internacionales.
La salida de socios no es un hecho aislado: la Asociación Gremial de Productores de Hidrógeno Verde y sus derivados de Magallanes, H2V Magallanes, anunció una pausa en su actividad hasta que “las condiciones de los mercados internacionales permitan dar un mayor dinamismo” a esos proyectos, según comunicó la agrupación regional. Esa decisión evidencia tensiones entre la expectativa de Chile como polo exportador de hidrógeno y la realidad actual de precios y demanda global.
Kulka dijo a Pulso que "se han ido empresas grandes, pero entran", y añadió que el movimiento responde a un descreme natural en una etapa de desarrollo en que solo los proyectos con variables estructurales robustas avanzan. El director ejecutivo atribuyó parte de la ralentización a cambios en las prioridades internacionales, y mencionó el impacto político y regulatorio en países clave. En sus palabras, "no solamente el hidrógeno, pero todo lo relacionado a lo energético asociado o alineado a la crisis climática para responder a la crisis climática ha tenido un freno". Al citar a Donald Trump, el ex presidente de Estados Unidos, Kulka aludió a decisiones políticas externas que han relajado metas de descarbonización en algunos mercados, y que han llevado a empresas globales a ajustar estrategias de corto plazo.
La fuga de socios se materializa además en decisiones concretas. A fines de enero, la empresa eléctrica chilena AES Andes informó que no continuará con el megaproyecto INNA de hidrógeno verde, que implicaba una inversión estimada de US$10 mil millones. Ese retiro subraya la magnitud del impacto cuando un actor con capacidad financiera y técnica abandona un proyecto de gran escala.
El temblor en los gremios y la cancelación de iniciativas plantean interrogantes sobre la transición energética chilena. Chile ha perfilado el hidrógeno verde como una apuesta estratégica para aprovechar recursos renovables y exportar energía baja en carbono. Sin embargo, la sincronía entre señales de política pública, financiamiento privado y demanda internacional sigue siendo frágil. Para actores locales, la salida de empresas y la pausa de iniciativas en Magallanes amenazan empleos, cadena de proveedores y el calendario de inversiones regionales.
Frente a este escenario, las voces del sector piden claridad regulatoria y mecanismos que reduzcan la percepción de riesgo para inversionistas. La etapa que ahora vive la industria podría derivar en consolidación: proyectos maduros y competitivos avanzarán, mientras iniciativas más vulnerables se reconfigurarán o se pospondrán. Queda por ver si el mercado recupera impulso con señales firmes de demanda internacional o si el Estado chileno refuerza instrumentos para sostener la cadena de valor del hidrógeno verde.
En las próximas semanas el gremio y empresas vinculadas deberán precisar cuántas salidas más habrá, cómo se reestructuran los proyectos en Magallanes y qué medidas exigirá la industria para retomar el ritmo de inversión. La discusión trasciende a la economía: es una prueba sobre la capacidad de Chile para transformar su impulso renovable en proyectos sostenibles y resilientes frente a la volatilidad global.
