A pocas horas del inicio del Festival de Viña del Mar 2026, el comediante e imitador chileno Stefan Kramer ofreció la conferencia de prensa previa a su presentación y reflexionó sobre el lugar del humor político en tiempos polarizados. En esa instancia, vinculó la crítica recibida en ediciones pasadas con su intención actual de buscar identificación transversal en el escenario.
Kramer recordó su paso por el certamen en 2020, una actuación marcada por el contexto del estallido social de 2019 en Chile, y reconoció la complejidad de hacer humor en momentos de fuerte convicción ciudadana. "Fue una experiencia difícil, una rutina con mucho trabajo detrás, pero que dividió al público", dijo, y añadió que cuando el público se parte, "no es tan grato". Esa distancia entre risas y tensiones públicas, explicó, lo llevó a replantear en qué tono abordar la contingencia.
En la conferencia el comediante adelantó claves de su show: madurez, reflexividad y la continuidad de las imitaciones como herramienta escénica, aunque no detalló todo el contenido. Kramer enfatizó el valor de hacer reír a la mayoría y no profundizar fracturas sociales. "Cuando se hace humor político y contingente, a mí me gusta hacer reír a la mayoría", dijo, y remarcó que su trabajo sigue realizándose "con amor por el arte".
También habló de su relación con las redes sociales, y explicó que evita participar de X, la plataforma antes conocida como Twitter. "Nunca me he metido, siento que es súper fuerte. Prefiero salir a la calle, conversar con la gente, ver lo real", afirmó, aunque reconoció que esas plataformas influyen en la opinión pública y obligan a estar atentos. Dijo apoyarse en su familia y círculo cercano como ancla frente a las reacciones digitales.
Consultado por reacciones adversas de figuras imitadas, aludió al caso reciente con el cantante mexicano Cristian Castro y bajó el tono de la polémica. Para Kramer, la burla forma parte del juego del humor y no hay mala intención deliberada, una postura que reivindica el oficio frente a la susceptibilidad pública.
El regreso de Kramer al escenario viñamarino se lee, en este momento cultural, como un gesto de ajuste: un artista que reconoce la responsabilidad simbólica de la comedia en un país que sigue procesando las demandas del 2019. Su apuesta por la identificación transversal busca medir la risa sin inflamar la división. Quedan por verse la recepción del público y cómo ese equilibrio entre sátira y cuidado repercutirá en la cultura del humor chilena durante el festival.
