Esta mañana el nuevo matinal especializado en el Festival de Viña, Con Gusto a Viña, se impuso en la franja de 08:00 a 13:00 horas en Santiago con un formato pensado para revivir y desmenuzar la llamada Noche Cero del certamen. El programa, emitido por Mega, debutó con un panel encabezado por José Antonio Neme, periodista y conductor chileno, y Marianne Schmidt, periodista y conductora chilena, y se transformó en la opción preferida de los televidentes interesados en la previa del Festival de Viña 2026.

La apuesta editorial fue clara: convertir el comentario de la Noche Cero en evento matinal. Al sumarse Kenita Larraín, figura pública y empresaria chilena, el humor de Álvaro Salas, humorista chileno, la cercanía de César Campos, periodista chileno, el análisis de moda de Eugenia Lemos, analista de moda chilena, y los pronósticos de Jaime Leyton, pronosticador chileno, el espacio ganó dinamismo y variedad de tonos, desde el comentario ácido hasta la crónica cercana.

La estrategia rindió en cifras; durante el bloque citado Con Gusto a Viña promedió 363.884 personas por minuto, distanciándose de Canal 13 con 261.452, Chilevisión con 244.075 y dejando a TVN con 50.657. El pico de la mañana llegó a 514.879 espectadores, un indicador claro de que la conversación sobre el Festival está instalada en la agenda televisiva.

¿Por qué funcionó la fórmula? En primer lugar, porque el público busca algo más que imágenes: quiere contexto, opinión y guiños afectivos. El segmento mezcló memoria festivalera, comentario de moda, humor y análisis, y eso permitió atender a audiencias diversas que consumen Viña como espectáculo, rito social y tema de conversación pública. En segundo lugar, Mega se benefició de ser el primer canal en volcar su parrilla hacia la Noche Cero, captando a espectadores que buscan reconstruir la gala y medir sus impresiones con voces conocidas.

El triunfo matinal tiene consecuencias para la cobertura del Festival. Para Mega, confirma que la estrategia de saturación temática puede transformar la sintonía diurna y crear espacios para patrocinadores y contenidos franquiciables. Para los otros canales, obliga a repensar la propuesta: competir solo con piezas de archivo ya no basta, hay que ofrecer análisis o formatos que dialoguen con audiencias que ahora esperan entretenimiento crítico y compañía matinal.

Desde la mirada cultural, la efervescencia alrededor de la Noche Cero revela cómo Viña sigue siendo un espejo de la sociedad chilena: no solo un espectáculo musical, sino una plataforma donde se negocian estética, memoria colectiva y debates sobre representación. El éxito de Con Gusto a Viña sugiere que, en este ciclo festivalero, los espectadores privilegian la experiencia compartida y el comentario que conecta lo artístico con lo cotidiano.

Queda por ver si la apuesta se sostiene en los próximos días, cuando el Festival avance y aparezcan nuevas controversias y momentos emblemáticos. Si las cifras se repiten, la Noche Cero habrá dejado de ser un episodio aislado para convertirse en eje de una cobertura que busca amplificar la conversación pública en torno a Viña 2026.